Cuba necesita policías lesbianas, gays y trans, general Álvarez Casas


1,270 Vistas
(Ilustraciones: Alejandro Cañer)

El 13 de diciembre de 2019 el presidente de Casa de Las Américas y exministro de Cultura, Abel Prieto Jiménez, publicó un tweet que señalaba la discriminación contra personas LGBTIQ+. Sin embargo, no fue bien recibido.

«Los gays no podían ser militares en el Reino Unido hasta el año 2000. Miembro dla Marina británica recibió medalla x su trayectoria y buena conducta. Se la confiscaron en 1993 cdo fue sometido a una corte marcial y dado de baja x su bisexualidad», escribió.

El tweet no pasó inadvertido para los medios de prensa no estatales y las redes sociales, donde se tildó al funcionario de cínico y doble moral.  Los órganos policiales cubanos, además del ejército, no aceptan en sus filas a jóvenes homosexuales ni mucho menos transexuales.

El Centro de Estudios Estratégicos de La Haya, Países Bajos (HCSS, por sus siglas en inglés) publicó en 2014 el «Índice Mundial sobre la inclusión de la comunidad LGBT en las Fuerzas Armadas».  El HCSS es un organismo independiente que asesora a gobiernos, ONGs y al sector privado en cuestiones geopolíticas y de seguridad.

El centro ordenó los datos relativos a la presencia de la comunidad LGBTIQ+ en las Fuerzas Armadas de 103 países, entre ellos 13 latinoamericanos. La lista se organizó en 5 categorías distintas: inclusión, admisión, tolerancia, exclusión y persecución.

Cuba no apareció en el informe. No hay acceso a datos sobre su cuerpo de Fuerzas Armadas o de Seguridad Nacional. El gobierno considera que esta información es secreta.

Sin embargo, el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa William J. Perry, con sede en Estados Unidos, al parecer tiene más noticias. La institución, que reúne a profesionales de seguridad y defensa, publicó en 2016 un informe titulado «Personal LGBT en las fuerzas armadas: Avanzando hacia una posición de inclusividad y abarcar la diversidad», y ahí aparece Cuba en la lista de naciones que establecen un trato digno y respetuoso  a los soldados LGBTIQ+ en sus instituciones militares.

La verdad es que el país no presenta un cuadro positivo en los temas de inserción de la comunidad LGBTIQ+ en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far) o el Ministerio del Interior (Minint).

«Enfermos» y «no aptos», otras formas de ser gay para las instituciones militares

La Ley No. 75 del 21 de diciembre de 1994 «De la Defensa Nacional» establece en su artículo 64 el cumplimiento del Servicio Militar. Esta disposición, en teoría, obliga a todos los ciudadanos cubanos del sexo masculino a unirse al ejército durante un periodo.

En la práctica, durante décadas, la mayoría de las personas abiertamente LGBTIQ+ estuvieron exentas de pasarlo. Quedaban «liberadas» de la obligación, a menudo después de procesos humillantes, bajo la categoría «No apto Far», junto a otros jóvenes que padecían determinadas enfermedades.

El Comité Militar de cada territorio realizaba, junto a los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), una investigación para verificar la orientación sexual de los prerreclutas.

La indagación generaba un informe que iba a manos del jefe de la Comisión Médica encargada de establecer quiénes eran aptos para ingresar temporalmente al ejército.

Esa disposición, de la que no se tienen muchos informes, se mantuvo vigente hasta 2015 aproximadamente.

En 2017, las Far hicieron público que los jóvenes homosexuales podían ir al Servicio Militar Activo. La noticia fue dada a conocer en una de las sesiones de la Asamblea Nacional por el diputado Juan Rafael Ruíz Pérez, general de brigada y presidente de la Comisión de Defensa Nacional.

Las políticas públicas cubanas en defensa de la comunidad LGBTIQ+ han tenido una progresión escalonada, sobre todo en los últimos años. El proyecto de Código de las Familias, llevado a consulta popular próximamente, es un ejemplo puntual. No obstante, no se ha ido a la misma velocidad en las instituciones militares.

Hace unos meses, Tremenda Nota publicó la historia de un joven homosexual que sirvió en el Ministerio del Interior. El oficial nunca habló de su orientación sexual. Pero, ¿y si hubiera sido diferente? ¿Si hubiera podido hablar con sus compañeros, jefes y demás oficiales de vida íntima, como lo hacen los heterosexuales? Finalmente, dejó la policía, y fue entonces que pudo dejar atrás el clóset.

España es un ejemplo de inclusión de la comunidad LGBTIQ+ en sus cuerpos policiales. En el mencionado «Índice Mundial sobre la inclusión de las Fuerzas Armadas de LGBT», el país ibérico ocupa el décimo puesto.

España lleva años trabajando con nuevos cuerpos de seguridad policial que tengan conciencia de la diversidad sexual y de género.

En el 2017, la policía municipal de Madrid creó la Unidad de Gestión de la Diversidad (UGD), enfocada en especializar a otros policías en delitos de odio, como los motivados por la raza, la religión, la ideología política, y por supuesto, la orientación sexual y la identidad de género. Actualmente una treintena de agentes trabajan en ese cuerpo.

Asimismo, en el 2016, los españoles crearon el Comando LGTBIPOL, asociación para visibilizar a las personas LGBTIQ+ en los cuerpos y fuerzas de seguridad. En ese momento, 5 policías y guardias civiles pudieron visibilizarse ante sus colectivos de trabajo.

Que las fuerzas del orden incluyan en sus filas profesionales a lesbianas, homosexuales, personas no binarias y trans, no está por ahora en la agenda gubernamental cubana. Valdría pena que el Minint, con el general Álvarez Casas al frente, se lo planteara.

Dentro de las instituciones armadas de la isla hay personas LGBTIQ+ que, por razones obvias, lo esconden.

El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) posee vínculos con las fuerzas armadas, pero sigue siendo ineficaz en esa colaboración.

Los delitos de odio en Cuba no están regulados en el Código Penal y eso hace que sean investigados como hechos comunes. Muchas veces se corre el riesgo de minimizar y de revictimizar a las víctimas LGBTIQ+.

La posibilidad de crear, al menos, una sección dentro de los cuerpos policiales que investigue y procese los delitos de odio, está en las manos de las instituciones militares en Cuba. La actualización del Código Penal, que está en proceso, sería una buena oportunidad para proteger a las personas LGBTIQ+ y a otros grupos vulnerables.  

Desde las propias fuerzas policiales podrían tomar la iniciativa. Por ejemplo, poner en sus carros patrullas los colores de la bandera LGBTIQ+, como sucede en el Reino Unido. Nunca es tarde para colorearse.

Comments (1)

  • Avatar

    Yosvani Malagón Crespo

    |

    Además de la cuestión general de la igualdad, creo que sería bueno que las personas LGBTIQ+ pudieran servir abiertamente en el ejército y el MININT. Creo que serían menos propensos a dañar a sus compatriotas.

    Reply

Haz un comentario