Cuba: Desclasifican informe policial sobre un censo de trabajadoras sexuales y un proyecto para «reeducarlas»


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Parque de la Fraternidad, La Habana, 2021 (Foto: María Lucía Expósito)

Detalles de la política de la Revolución Cubana contra el trabajo sexual en la década de 1960, fueron revelados por el historiador Abel Sierra Madero en un artículo publicado por Hypermedia Magazine.

El texto, titulado «Sexo y Revolución. Escuelas para prostitutas en Cuba», forma parte de la serie «Fiebre de Archivo» que escribe Sierra Madero, Premio Casa de las Américas 2006 por una investigación histórica y etnográfica sobre las sexualidades en la historia cubana.

El historiador analizó publicaciones del periódico «Combate», órgano oficial del Directorio Revolucionario, y en particular de su sección «Tres puntos», que «contenía las máximas que la ciudadanía debía seguir», según Sierra Madero.

«Este periódico es una fuente bastante particular para el estudio de la crónica roja en los inicios de la Revolución», comentó el historiador.

«Combate» dejó de circular en 1961, cuando varios medios se agruparon en el «Diario de la Tarde». El periódico del Directorio Revolucionario «fue uno de los protagonistas en el debate ideológico que se estableció en la Isla y en la prensa durante los dos primeros años de la Revolución», afirma la enciclopecia en línea Ecured.

«La prostitución fue una de las grandes preocupaciones de Combate», explicó Sierra Madero. «El rotativo ofreció amplia cobertura a la campaña del Gobierno para eliminar el trabajo sexual».

«Uno de los primeros pasos, fue la eliminación de las mirillas con que contaban las casas de citas y los prostíbulos. Esos artefactos se utilizaban para llamar la atención de los transeúntes sin tener que exponerse en la vía pública. La policía también ordenó reducir el horario de funcionamiento de los burdeles y ordenó la concentración de las meretrices por zonas y estrictos protocolos de salud», anotó el historiador.

«Se ven complacidos por el auxilio que han prestado agentes de la autoridad, en especial de la policía secreta revolucionaria en relación con taparle la cara fea a nuestra ciudad de La Habana y las demás de Cuba, evitando el escándalo con que la prostitución se proyecta en la vía pública (…) En los bares ya no hay camas y sus muchachas son realmente obreras. La que maneja las bandejas atiende al parroquiano. No hace fichas, no se sienta a tomar. No es prostituta», decía una nota publicada por «Combate» en abril de 1959, a pocos meses del triunfo de la Revolución Cubana.

La publicación se refirió, en ese mismo año, al cierre del cabaré Morocco con el argumento de que «se profieren palabras obscenas por los concurrentes en un ambiente de casi absoluta oscuridad, propicio para gestos y movimientos indecorosos, tanto en las mujeres, así como en homosexuales que son asiduos concurrentes al mismo».

Esta política de la Revolución Cubana sobre el trabajo sexual, en términos generales, se mantenido. Aunque la prostitución no sea un delito para el actual Código Penal, que data de la década de 1980, hay muchas evidencias de que mujeres dedicadas al trabajo sexual han sido procesadas por «estado peligroso».

«Bajo este supuesto la prostitución es encarada como una conducta antisocial, situación que retrotrae a la doctrina de la peligrosidad social ampliamente superada por el derecho. Estas personas pueden ser aseguradas mediante medidas predelictivas con internamiento de uno a cuatro años», explica un artículo del blog Cubalog.com.

Varias mujeres trans denunciaron este mes, en entrevista con Tremenda Nota, que las autoridades acostumbran a procesarlas por «peligro», sin haber cometido ningún delito.

Abel Sierra Madero se refirió en su artículo a las «granjas-escuelas» creadas por el gobierno para mujeres dedicadas al trabajo sexual, «donde se les recluía y obligaba a aprender otros oficios».

«Una de ellas se estableció en el Wajay, a las afueras de la Ciudad de La Habana, tomó el nombre de “América Libre” y ocupó los terrenos de la finca La Comparsa, propiedad del músico Ernesto Lecuona, antes de ser confiscada por el Gobierno revolucionario», expuso el historiador.

El texto de Sierra Madero termina con el testimonio de Olga Ferrer Vallarta, «una de las encargadas del programa de reducación de proxenetas y prostitutas».

«A fines del año 1962, fui trasladada de la OMI (Organización Militar Industrial) al Ministerio del Interior (Minint), para integrarme en una labor que se realizaba, dedicada a erradicar esa lacra social que es la Prostitución», testimonió la propia Olga Ferrer.

«El Ministerio del Interior realizaba los trabajos de erradicación de las lacras sociales, entre las cuales se hallaba en índices alarmantes la prostitución, sobre todo en la ciudad de La Habana, donde nunca antes se había hecho algo serio y positivo por terminar de una vez con ese mal que la vieja sociedad capitalista no ha podido resolver en ningún lugar», contó Ferrer a Sierra Madero en una entrevista que sostuvieron en 2012.

El historiador hizo público, por primera vez, un informe que Olga Ferrer envió al Minint con detalles sobre un censo de trabajadores sexuales y un proyecto de «reeducación» para ellas.

«La Revolución cubana fue, entre otras cosas, un proyecto moralizador», resumió Sierra Madero.

Tremenda Nota

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