Cuba, 10 de octubre de 2020: «Son viejos por gusto»


3,588 Vistas
Imágenes del “acto de repudio” organizado frente al edificio de la curadora Anamely Ramos (Tomadas de un video publicado en Facebook)

―¡Son viejos por gusto! ―gritó, atrincherado en la entrada del edificio. Es un joven profesor.

Afuera, una docena de mujeres mayores, las abuelas de alguien, respondieron con vítores a Raúl, a Fidel y a Díaz-Canel. Eran una muralla levantada frente a la puerta, dispuestas a impedir la entrada o la salida. La poeta Katherine Bisquet quería entrar y la curadora de arte Anamely Ramos quería salir.

Osvaldo Hernández se llama el profesor que gritaba. Katherine fue detenida por la policía, la subieron a un carro con la garantía del muro de mujeres mayores y endomingadas, tan viejas como la Revolución Cubana, que cercaban el edificio con sus carteras de salir.

La escena es trágicamente kitsch, con ese dolor propiamente cubano y paradójico que encubre todas las tragedias con un tono de sainete y descubre el ridículo de la nación, su absurdo grandilocuente.

―Tú no puedes más que nosotros, ¡nosotros somos la Revolución! ―dice una de las mujeres mayores, la más enérgica, a Anamely Ramos, cuando se atreve a dejar la puerta y salir a la calle, después de pedir protección contra la violencia del gobierno a la Virgen María, a los poetas, a los cubanos ilustres del pasado.

Y Anamely se pierde entre las viejas mujeres. Pudo zafarse de ellas y correr. Una patrulla de policía salió a cazarla y la alcanzó unas cuadras abajo. La gente del barrio de Cayo Hueso, en el centro de La Habana, vio desde los balcones cómo la reducían y la metían en el carro.

Anamely Ramos, Katherine Bisquet y Osvaldo Hernández firmaron ese día, el 10 de octubre de 2020, una declaración contra la violencia policial que también suscribieron otros quince artistas, comunicadores y activistas. Cuba celebra en esa fecha el aniversario de sus luchas independentistas del siglo XIX. Lo conmemora, desde siempre, ostentando que ya es libre de las potencias extranjeras, con discursos de desafío y malas canciones,  y eventualmente ―como pasó este sábado― con el horror de haber fracasado en liberarse de sí misma, de su desacuerdo consigo misma.

La frase del día, si la hubiera, no aparece en la declaración, breve y enérgica, pero también insípida, como son habitualmente los manifiestos. Fue la frase de Osvaldo frente a los viejos: «son viejos por gusto». En Cuba nada maduró. Las mujeres apostadas frente al edificio son las niñas que alfabetizaron en 1961, las obreras e intelectuales que repudiaron a los homosexuales en 1971, las turbas cubanas que en 1981 sintieron alivio porque el año pasado «la escoria», por fin, había sido echada de Cuba. En 2021 ya no se acordarán de este 10 de octubre. La madurez tiene memoria.

Ni solo un joven había, excepto entre los policías de uniforme o de civil, frente al edificio de Anamely. Tampoco en el barrio de San Isidro, donde un grupo parecido, mucho más grande, hizo del himno nacional la tétrica banda sonora que acompañó a la detención del productor Michel Matos y la artista Tania Bruguera. Los jóvenes, a su manera, han madurado y se desentienden. No es una madurez que alcance para actuar, pero basta para apartarse.

Después de ese incidente ya no hay símbolo nacional que valga, nada que conserve una pizca de valor sentimental, descontando, claro, a los símbolos espontáneos que los cubanos se dieron en su improvisación de un país, y son artefactos o sensaciones: una maraca, un edificio, una receta de cocina. Todo lo demás es la tragedia kitsch del discurso nacional, desde el principio de todo, incluidos Céspedes y Martí con sus repúblicas trascendentales, discriminadoras, desiguales, huecas en fin, y sanguinolentas.

Muchos piensan que Cuba fue algo antes de nosotros y que Fidel liquidó lo que era. Cuba no fue, nada más quería ser. Así llegamos hasta hoy con un repertorio de injusticias cometidas por el pueblo en nombre del pueblo, con la nación a flor de labios y una élite, la que sea, simulando que tenemos un destino común para justificar la cancelación de algunos de nosotros. Así mismo sucedió bajo Estrada Palma, con Machado, bajo Grau, con Batista. Fidel no es la anomalía que algunos quieren ver y mucho menos es el remedio que ven otros. Fue otro incidente ampuloso de la vida nacional, el último.

El 10 de octubre de 2020 no deja nada más que estupor. No es el desconcierto frente a lo que no esperas, sino el asombro de estar ante la repetición de lo mismo. La fatiga de echarse otra película con el mismo guion. El cansancio de quien redacta una declaración que nadie lee o el de ir, cuando eres una mujer mayor que no maduró nunca, a cercar a unos muchachos y a gritarles que se vayan, gusanos, como si creyeras que irse, seguramente, debe ser el camino de la madurez.

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Periodista y activista LGBTI. Tuvo un blog mientras se lo permitieron y se llamaba El Nictálope, porque siempre ha presumido de ver bien, como algún animal de la noche. Echa de menos la radio y el insomnio que le favorecía antes para escribir. Ahora escribe cuando puede, donde puede colaborando con varios medios cubanos y extranjeros.

Comments (2)

  • Avatar

    Isabel

    |

    Sigues siendo mi periodista favorito, aunque ningún cubano, ni siquiera yo merezca que te desgastes en una lucha tan infructuosa que pareciera el odioso cuento de la buena pipa.

    Reply

Haz un comentario