¿Cómo continuar siendo activistas en Cuba, donde los paradigmas se agotan?


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(Foto: María Lucía Expósito)

El 2022 deja atrás toda una serie de profundos malestares, quiebres y aflicciones que, al parecer, no encontrarán solución para las familias cubanas en el corto plazo.

En 2021 hubo un estallido social. Las heridas que dejó no han cicatrizado todavía. Esta situación sin precedentes, le confiere una complejidad adicional al actual escenario.

Gran número de jóvenes siguen en prisión y se enfrentan a peticiones fiscales desproporcionadas. Esas condenas recaen sobre familias fundamentalmente pobres, negras y mestizas, y son otro resultado de una crisis estructural que transversaliza múltiples barreras de la opresión.

Las protestas del 11J provocaron un espiral de acontecimientos que trastornan la realidad de Cuba. Siento que todos estamos obligados a ponernos al lado de quienes padecen las consecuencias de la dominación.

A estas alturas es imposible aceptar de manera acrítica los designios de un poder demasiado burocrático que transita a pasos acelerados hacia la profundización de las relaciones de producción capitalistas, con la consecuente agudización del racismo, la pobreza, la desigualdad, la mendicidad y la concentración del consumo para unas clases en detrimento de otras.

Encima, esa burocracia naturaliza prácticas autoritarias que le otorgan escasas garantías a los derechos ciudadanos, civiles y políticos de quienes se oponen a ese paradigma, militan desde la sociedad civil o incluso, producen alternativas emancipatorias desde un marxismo alejado de los marcos institucionales.

Los que permanecen anclados a los resortes neoestalinistas solo disfrutan las prebendas garantizadas por sus simpatías con el establishment. Con esa ventaja, gozan de absoluta inmunidad en el ejercicio de sus derechos a la manifestación pública, y asumen una narrativa dogmática que contribuye al sostenimiento de un sistema obviamente injusto. Su discurso se limita a la justificación ante los desgastes del modelo político, y se consideran «de izquierda» en un gesto de conveniente indulgencia.

Si bien esa propuesta pareciera tener sentido reivindicatorio de la justicia en los marcos de proposición teórica, la historia demuestra que las conquistas sociales no constituyen dádivas de los sectores empoderados, sino lucha consecuente de los movimientos civiles contra las estructuras socioeconómicas que pretenden perpetuar sus condiciones de privilegio.

La movilización popular, acompañada de una producción intelectual consecuente, es el único camino de una praxis liberadora.

En ese sentido, prefiero seguir en compañía de aquellos que han escogido el sufrimiento como destino, al lado de quienes intentan conservar la coherencia en escenarios donde la hostilidad de los climas polarizados acaba en violencia.

No quiero ir por el mismo sendero de grupos que pretenden la instauración de modelos neoliberales, paradigmas eurocéntricos o alternativas paradisíacas que se sostienen en la fetichización de la explotación de clases y grupos poblacionales considerados inferiores por la teorización occidental. Ahí hunden sus raíces la invisibilización de las personas afrodescendiente y el blanqueamiento.

En la isla neoliberal que algunos sueñan, la población negra habitaría otros espacios de marginación. Se validarían, como un triunfo, los criterios racistas, elitistas, protofascistas y LGBTIQ+ fóbicos, expresados como una revancha ante la experiencia histórica de la Revolución Cubana.

Militar en este contexto es bastante complejo. La incomprensión de los ególatras, el repliegue de los impúdicos y la amistad inquebrantable en los instantes más desafiantes, forman parte del camino.

Me tendrán de aliado las causas que intenten la restauración de un proyecto nacional alejado de la importación mecánica de referentes ajenos, siempre que establezcan distancia del unipartidismo estadocéntrico que burocratiza la gestión pública y militariza sectores estratégicos en fortalecimiento de sus intereses.

Mis anhelos permanecen internalizados en paradigmas radicales que optaron por el sacrificio emancipatorio anticapitalista. Los símbolos de sueño son Malcolm X, Frantz Fanon, Angela Davies, Ochy Curiel, Aimé Césaire. La lista es inagotable.

Ese legado se resiste a expirar y renace en nuevas generaciones de activistas. El peligro de la neutralidad o la expectativa complaciente, nos obliga a andar muy cabales y atentos.

Comments (2)

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    Ángel Ruiz

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    Felicito a Alexander Hall por sus palabras tan lúcidas como valientes.
    La justa rebelión cubana apenas comenzó y continuará. Desnudar a la burocracia es una de las tareas principales porque se presenta como la heredera de una revolución que todos los días traiciona

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    Yosvani Malagón Crespo

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    Hermosas e inspiradoras palabras de esperanza y determinación. El horror de las represalias contra todos los manifestantes del 11J sólo es igualado por el tratamiento racista extremo de los participantes negros y mestizos que pretendían condenar las injusticias. Cuba sólo puede avanzar hacia la igualdad y el socialismo democrático con el liderazgo de las mujeres, la gente de color y todos los demás que son los más maltratados y degradados por las élites gobernantes. Al igual que los líderes de los imperios han utilizado métodos de dividir y conquistar en función del color, el género y la sexualidad, también lo hacen los gobernantes estalinistas en Cuba. Pero podemos romper ese molde opresivo y levantarnos todos juntos.

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