Casa Tomada Mirarte es la casa de todes en La Habana


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Cocosolo es un pequeño barrio en la periferia del municipio Marianao. Un barrio marginal, dicen muchos. Aunque Cocosolo no debería llamarse así, porque en ese barrio no se está solo. Y si alguien lo duda, que visite Casa Tomada Mirarte, la casa de todes.

Myrna Rosa Padrón Dickson es de esas personas que primero sonríe y después habla. Dijo que me conocía, aunque aún no sé de dónde. Ella, junto a su mujer, Siria, lideran el proyecto de Casa Tomada Mirarte desde hace cuatro años.  

«Culturalmente somos un país machista y ese machismo, sexismo, homofobia, solo dividen…»

Para los ojos de algunos la casa está en ruinas, se podría decir que inhabitable, pero los que saben mirar encuentran el arte en cada rincón.

«Es la casa de mi familia —allí donde Myrna cuidó a su padre hasta sus últimos días y ahora se ocupa del alzhéimer de su madre—. Por mucho tiempo estuvo cerrada y por cuestiones del clima atmosférico y económico también se ha deteriorado mucho. Nosotros hemos salido y entrado y la casa se ha quedado un poco sola. No es secreto ver cómo está constructivamente, pero tiene mucha espiritualidad».

Pero así mismo, con paredes desconchadas y pedazos de techos que ya no están, es la casa de todes, como dice Siria a cada uno que llega: «Mi casa es tu casa». 

Entonces recordamos que ese también es el eslogan de la prestigiosa institución Casa de las Américas. Brindar la casa es lo que realmente sucede en Cocosolo, donde Myrna comparte con el público su propio espacio y lo convierte en la Casa Mirarte.

«Voy a poner el café. El que quiera que pase a servirse, porque no se lo voy a dar» —así me recibió. 

A los pocos minutos de estar en la sala de Myrna, sale una persona con la cafetera en la mano, se para justo en la puerta que divide la cocina de la sala, mira a todos con cara de poder y manda que pasen a tomar café. Esa misma acción la repitió una y otra vez, y luego otra. Yo, que ya me sentía parte del lugar, fui por mi taza, pero solo en la tercera colada pude tomar.

«Qué tú te piensas mi china, aquí somos muchos. Hay que apurarse si no te quedas sin café».

Había allí más de una centena de personas abrazándose, riéndose, halagándose unas a las otras. ¿Se conocían? No creo que toda esa gente fueran amigos desde antes, pero lograron entenderse, dialogar, bailar, y tomar café. 

«Hemos abierto las puertas para el intercambio del arte pero también para el intercambio de saberes en los que se encuentra la cultura queer y el feminismo en diferentes variantes» —dijo Myrna, micrófono en mano, mientras formaba parte de un panel que habló sin tapujos, con deseos de contar sus historias y de escuchar la de los demás.

Para Myrna es fácil hablar frente a muchos. Ella es educadora popular, algo de lo que siente orgullo porque le permitió adquirir las herramientas para entender todo sobre política, cultura y saberes hegemónicos. Desde la religión hasta su identidad sexual, desde la manera de hablar y cómo dirigirse a los demás, hasta la propia manera de brindar amor. 

Casa Tomada Todes Cuba 3

Bajo el lema: “Mi casa es tu casa”, todos los que llegan a la Casa Tomada Mirarte dejan su huella.

«Culturalmente somos un país machista y ese machismo, sexismo, homofobia, solo dividen. Para fortalecer la unidad, que no es esa unidad de la que se hablaba hace cincuenta años, sino esa otra unidad del nuevo pensamiento a la transformación social, a valorar lo diferente y lo diverso, para eso son estos espacios, y para eso estamos acá, en Casa Tomada Mirarte». 

Nosotres también existe

Habían pasado algunas horas desde que tomé la primera taza de café. Yo estaba allí desde las cinco de la tarde y no fue hasta pasadas las ocho de la noche que comenzó la actividad. Ya me había hecho a la ida de que no iba a comer nada en ese momento. Para comer habría tiempo…

Más de diez panelistas hablaban de sus proyectos, reían, se pasaban el micrófono unos a otros sin pena ni nervios, sin pudor. Hablaban y reían. Hablaban y hacían reír a los demás. A ratos mi estómago se entusiasmaba, hacía un ruido raro, como si riera también. 

Entre las voces que se disputaban el micrófono estaba Nancy Cepero, una artista visual, grabadora específicamente. Pero también una de las mejores cocinando comida vegana. 

Ya me habían hablado de ella. Había leído sobre ella, pero no la conocía. Y ahí estaba, justo en frente, sentada en el suelo, apretada entre sus colegas. No parecía importarle que la Real Academia de la Lengua Española no haya aceptado incluir todes. Porque Nancy seguía hablando con la e para sustituir la a y la o. Ella seguirá liderando Nosotres, un proyecto que funciona desde 2018.

Nancy se define a sí misma como activista. Usa el arte como pretexto evolutivo. Dice que antes veía las cosas de otra forma, incluso el propio tema de la racialidad lo entendía de un modo diferente, a la ligera. Sabe que desde pequeños usamos, tal vez de forma consciente (otras no tanto), un lenguaje racista, sexista, discriminatorio, que divide. Pero ella quiere despojarse de esos males, quiere que todes juntes luchen contra las desigualdades.

«Las discriminaciones nos tienen segmentados, pero lo importante es ver la necesidad de avanzar y crecer juntes como comunidad pero entendiendo las necesidades específicas de todes. Esa es una de las esencias de nuestro proyecto: aprender del afrofeminismo y crear espacios donde podemos ser nosotres mismes, con las libertades que uno merece».

Para ella es fundamental que todes se sientan como una familia, que tengan la sensación de pertenecer a un hogar, aunque no tengan un espacio físico. Nosotres es un proyecto itinerante, diverso y divertido. Han empezado con un concierto, pero terminaron desayunando en la mañana.

«Porque la gente tenía muchas cosas que echar para afuera, mucho que compartir. Más allá del debate público hay una necesidad de conexión con gente común, que entiende la historia que estás contando, porque también vive como tú. En ese sentido lo logramos. Todes estamos en función de crecer juntes».

Lideresas colombianas sanan desde el arte

El diálogo continuaba, como mismo continuaba creciendo mi hambre. Las opciones de comida estaban cada vez más lejos. La única persona que tenía fama de hacer comida para este tipo de actividades estaba sentada muy a gusto escuchando el debate, debatiendo.

Pero mi olfato no falló. Justo cuando las colombianas comenzaron a hablar sentí olor a comida. Un olor diferente al que siento en mi cocina o en la cocina de mi madre. Tal vez mi cerebro me estaba traicionando y el aroma que sentía era producto de mi imaginación, de mis deseos de comer…

Pero Jess Castaño y Vero Naki sí eran reales. Viajaron desde Colombia para participar de este encuentro, que no solo incluía un conversatorio, también prometía cerrar con un concierto.  

«Nosotres vivimos en Bogotá, una capital blanquísima, donde además existe división dentro de la propia comunidad discriminada —aclaró Jess—. Si eres negra y te relacionas con gente de tu color no puedes ser marica, porque eres mal vista. Si decides participar en actividades donde haya mayor inclusión y diversidad, entonces vas a ser la única pareja de negras». 

A raíz de esa situación surge la necesidad de crear un proyecto como Posa Suto. 

Jess hablaba rápido pero claro. Quería decir muchas cosas y el tiempo era poco. En cada intervención antes de la suya, asentía con la cabeza, se reía, como si entendiera qué pasa en Cuba. 

«Optamos por tener nuestro propio espacio: Posa Suto. Porque llegábamos a muchos sitios y no nos dejaban entrar. Nunca nos dijeron que por ser negras pero eso estaba clarísimo». 

Vero es más calmada. Empezó a hablar sin estar preparada porque, en un arrebato, Jess le puso el micrófono enfrente y la dejó sin opciones. Entonces se escuchó su voz por primera vez. 

Alberto Fellove Hernandez Cuba

Alberto Fellove Hernández ha encontrado en casa de Myrna un lugar ideal para sus espectáculos de transformismo.

«El proyecto fue posible gracias a que ganamos una beca de la Open Society Fundations, una organización gringa dirigida a jóvenes feministas de Latinoamérica. Gracias a esa ayuda logramos tener la casa. Queríamos lograr un espacio tolerante, respetuoso, donde nadie se meta con nadie, donde cada uno tenga la libertad de ser como quiera ser.  

»Muchas veces nos sumergimos en la cotidianidad. Entonces el tiempo de compartir en espacios inclusivos, diversos, es poco. Sin embargo, necesitamos compartir con personas como nosotres, que tengan las mismas dudas, los mismos problemas».

Jess sabe que el camino seguirá siendo escabroso, que pocas veces disfrutará de sus derechos fácilmente. Porque, aunque exista Posa Suto, aún hay mucha discriminación en Colombia, como también la hay en Cuba. Para ellas lo importante es sanar desde el arte. 

«Estamos convencides de que la cosa es por ahí. Nos sentimos a gusto en Casa Tomada Mirarte y estamos felices de poder reunirnos con tanta gente negra, tanta gente marica, tanta gente hermosa dispuesta a escuchar y a compartir».   

Otra vez las Krudas Cubensi 

Si algo no me falla es el olfato. A veces quisiera tapar mi nariz, porque delata todos los olores que hay a mi alrededor, y son agradables, me traen recuerdos que solo se activan en mi mente gracias a que pasaron por el filtro de mi nariz. Y esta vez yo quería seguir oliendo, quería pensar que no me equivocaba, que podía comer… 

Justo cuando acabó el conversatorio habló de nuevo. Lo había hecho desde el principio porque era moderadora de la actividad. Su sentido del humor era más grande que su cuerpo, y su volumen corporal no es nada despreciable. Entonces retomó el mando de la situación, ahora para anunciar que había comida. Santas palabras mágicas que salieron de su boca: «Apúrense, que hay que comer».

En la mesa se sirvió comida vegana colorida, diversa como todas las personas que estaban en la Casa Tomada Mirarte. No hubo mejor elección. Una comida sana, diferente, con combinaciones raras pero posibles, con sabores nuevos, y poco degustada en los hogares cubanos. 

Y todos comimos, y volvimos a tomar café. Y reímos. Y entramos otra vez en la zona caliente, donde antes se dialogó y ahora se escuchaba música, donde sería el concierto de las Krudas Cubensi. 

Odaymara y Olivia Prendes son las Krudas Cubensi, una de las agrupaciones más importantes de la diáspora cubana. Están radicadas en Estados Unidos. Se fueron cuando aún la ley de pies secos, pies mojados invitaba a tantos cubanos a probar suerte en el país más temible del mundo.

Salieron de Cuba en el 2006 y cada año regresan. Volver las llena de energía para seguir creando. 

Recordaré a Odaymara Cuesta durante muchos días, quizás cada vez que tenga hambre mi mente traiga su recuerdo. Se parecía a mi madre, que primero anuncia que hay comida y después ella misma es quien te sirve el plato. Pero Odaymara es rapera, de las primeras mujeres que subió a escena para batirse en un ambiente feroz, donde el machismo estaba, y sigue estando, a la orden del día. 

Casa Tomada Cuba 2

 «Al final creo que estamos recogiendo el fruto de lo que Krudas fundó en el año 1999. Siempre fuimos un grupo muy futurista, muy adelantado a nuestra época. Y ahora estamos viendo que de alguna manera muchas personas están recogiendo nuestro trabajo de 20 años. 

»Cuba y sus gobernantes son parte del circuito de la hegemonía blanca mestiza de toda América Latina. Y aunque hay que reconocer que se han hecho algunas cosas positivas, también hay que decir que la gente por su cuenta ha encontrado la manera de seguir adelante. Hay que emprender, porque no se puede esperar a que el gobierno dé nada».

Según la visión de esta rapera negra y queer, Cuba sigue resistiendo. 

«Antes era casi imposible pensar que existiera un espacio como Casa Tomada Mirarte. Ni la Alianza Afrocubana, ni Afrodiverso, ni Nosotres, ni ningún otro proyecto con características similares hubiera sido posible».

No es un secreto las adversidades que sufren las personas queer. Muchos fueron los testimonios que contaron los valientes y las valientes en la casa de Myrna, de todes. Algunos felices, otros más desgarradores, porque conocer que los agentes de Policía Nacional Revolucionaria, cuya misión es proteger a la población, son de los principales agresores, es realmente triste. 

Hay que multiplicar estos escenarios, trabajar en nuevas apuestas desde la perspectiva de género para combatir posturas sexistas equivocadas, la violencia de género. Es necesario que la sociedad cubana adopte un lenguaje inclusivo y tolerante, que se encamine hacia una libertad completa e igualitaria. Casa Tomada Mirarte es, casi seguro, un comienzo.

 

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