Carta a una joven comunista cubana


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(Foto: María Lucía Expósito)

La juventud comunista, que no toda se encuentra en la Unión de Jóvenes Comunistas ni en el Partido Comunista de Cuba, tiene la urgente tarea y deber de construir en Cuba un nuevo socialismo.

Camarada Adriana:

He visto su artículo «Rigor mortis o 59 aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas» publicado este lunes 5 de abril en la revista digital Tremenda Nota y no he podido menos que impresionarme positivamente. Por el hecho de que soy comunista y militante del Partido Comunista ―no siempre coincide―, su texto me ha provocado enviarle una carta abierta, que no es orientación del PCC y sí otra de mis irreverencias marxistas.

Justo en esta madrugada, conversando con una persona muy querida, le decía que durante la construcción de la sociedad nueva a las, les y los comunistas se nos han ido envejeciendo las prácticas y las ideas. Sin embargo, existen marxistas que se han, hemos, librado de esa decrepitud, en buena medida gracias al «peso de la poesía en la historia» como diría mi estimada Carolina Barrero

En mi caso ―no pretendo ponerle palabras en la boca a la querida Carolina―, cuando hablo de «el peso de la poesía en la historia» no solo me refiero al carácter desenajenante del arte, sino al carácter emancipador que tienen las ideas en la sociedad y el ser humano. Dígase el proceso de construcción de nuevas y liberadoras subjetividades personales y sociales, algo que va más allá del término rayano en lo conservador empleado por algunos intelectuales demodé: «valores».

La construcción del ser humano nuevo no consiste en preservar «valores» ya establecidos, sino deconstruirlos y sustituirlos por aquellos con los cuales, precisamente, se construirá una nueva sociedad. Las ideas y prácticas que nacen, deben sufrir continuamente este proceso transformador o de lo contrario terminarán siendo nuevos viejos esquemas conservadores. No se avanza hacia el comunismo perpetuando lo establecido hace décadas. La Revolución consiste en una permanente transformación donde lo viejo va quedando atrás, principalmente todo lo relacionado con el egoísmo y el conservadurismo.

Pero, como ya dije, lograr esto implica prácticas e ideas nuevas. Siempre insisto en que, es muy difícil sumar a las mayorías si en el actuar cotidiano se normaliza el uso de la censura y la limitación de libertades, mientras en el discurso se promete una futura sociedad sin Estado, ni clases, ni mercado. Es decir, el comunismo. Una sociedad futura que esencialmente consiste en la socialización de la libertad.

Desgraciadamente el estalinismo legitimó a la censura y la limitación de derechos civiles como armas efectivas para la conservación de la Revolución. En realidad, el estalinismo no estaba muy lejos de la verdad. La censura y la limitación de libertades civiles pueden ser, momentáneamente, armas efectivas para conservar un sistema político, pero no herramientas emancipadoras para construir una Revolución socialista. «Conservar la Revolución» es un peligroso oxímoron.

En todo caso, como bien decía Fidel en la década de los noventa, se conservan «las conquistas del socialismo». Sin embargo, para alcanzar el socialismo y aún más, llegar al comunismo, no se puede embalsamar a la Revolución. Las momias de Lenin y Mao siguen siendo visitadas en Rusia y China. El capitalismo se impuso en Rusia. En China se persiguen a quienes, desde el maoísmo, se oponen a la restauración capitalista.

Estoy seguro que, cuando fueron a «hablar de comunismo a un aula de adolescentes», esos burócratas olvidaron decirles algo terriblemente bello: en el comunismo, junto con el Estado, toda burocracia dirigente desaparecerá. No como personas, no fusilados por la clase trabajadora, sino que dejarán de ser burócratas. Buena parte del funcionariado tiende a memorizar consignas, pero no a leer a Marx. Convenientemente olvidan algo fundamental: el proceso de emancipación del ser humano, «el peso de la poesía en la historia», hará desaparecer a la actual división social del trabajo, emancipará plenamente a la clase trabajadora y, por tanto, no habrá necesidad de que ni el mercado nos explote ni el Estado nos dirija.

Adriana Fonte Preciado (Foto: María Lucía Expósito)

Esto es algo temible para los burócratas pues perderán sus prebendas, las verdaderas «gratuidades indebidas». La extinción del Estado no aparece en sus consignas. Sin embargo, esto era una gran preocupación durante la Revolución bolchevique. Lenin tenía bien claro que mientras existiera el Estado no existirá la libertad plena, y que cuando exista la libertad plena no existirá el Estado. Tal cual, esas subversivas palabras se encuentran en el famoso texto de Lenin «El Estado y la Revolución», un ensayo que ―es muy probable, Adriana― tus profesores de la asignatura «cultura política» o «filosofía marxista-leninista» te hayan mencionado sin detenerse en esa idea: la necesidad de la desaparición del Estado, y en consecuencia, de la burocracia, como condición fundamental para la construcción del comunismo. Me pregunto entonces, ¿de qué comunismo habrán hablado aquellos funcionarios a un aula de adolescentes?

Por tanto, para llegar al comunismo, es obligatorio la desaparición de las «planillas» donde se preguntan «cosas raras», las paternalistas «palmaditas en el hombro», los «mediocres que responden a sus propios intereses» y «toda esta descomposición a la que asistimos».

«Porque se han olvidado de educar» es que me sentí obligado a escribir esta carta abierta. No por pretender «educar». Me resulta horrenda esa idea. Reproduce la concepción de ver a quien comienza como alguien con limitaciones en el aprendizaje, a quien hay que explicarle las cosas porque no entiende nada, como si los viejos militantes fueran tan educados.

Yo apuesto por la socialización del conocimiento, por colocar las teorías de los marxismos revolucionarios al alcance de todas, todes y todos. Y algo fundamental: construir una sociedad donde tengamos las mismas condiciones para acceder al conocimiento. Las ideas, una vez que sean estudiadas por quienes se acercan a la militancia comunista, o por la humanidad en general, les servirán como herramientas para su emancipación, a la cual solo se llega por la construcción de un pensamiento autónomo y crítico. Es decir, mediante «el peso de la poesía en la historia».

José Lezama Lima, en una presentación pública de su poema «Noche insular, jardines invisibles» decía que «la generación a la cual yo pertenezco (…) se preocupó incesantemente del tema de lo cubano, buscar las raíces de lo cubano en sus manifestaciones estelares y telúricas. En la tierra y en lo estelar. Eso nos preocupaba a todos nosotros en nuestra adolescencia. Entonces, buscando esos símbolos secretos, esas extrañas pulsaciones, del aire, de las interrogaciones, de las insinuaciones, de los secretos, de las pausas de lo que nos rodea, fui haciendo este poema».

Así de revolucionario, de estelar y telúrico tiene que ser el socialismo que nos rodea, y nosotros debemos ser quienes nos atrevamos a construirlo «desde las interrogaciones, desde las insinuaciones».

Si la clase trabajadora no logra construir la sociedad comunista, el capitalismo destruirá a la humanidad. Es un hecho. Es un hecho también que por diferentes vías se intenta restaurar el capitalismo en Cuba. La juventud comunista, que no toda se encuentra en la UJC, ni en el PCC, tiene el urgente deber de evitar el retorno de Cuba al capitalismo. Pero, no solo ello, sino algo mucho más complejo: la juventud comunista tiene la urgente tarea y deber de construir en Cuba un nuevo Socialismo.

Un abrazo, camarada Adriana. Como ya le dije anteriormente, le dejo la invitación a conversar, si es posible, en la casa de Maykel González Vivero, el director de Tremenda Nota, porque precisamente debido a que soy marxista, solo me permito rodearme de personas que, desde un pensamiento autónomo, piensen diferente a mí.

Frank García Hernández, Marianao, tarde noche del lunes 5 de abril de 2021, a pocos días del VIII Congreso de mi Partido Comunista, el de Cuba.

*Este texto apareció originalmente en la revista independiente Comunistas

Frank García Hernández

Frank García Hernández

Historiador marxista

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