Brenda Díaz García, una mujer en una cárcel de hombres


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Brenda Díaz García (Fotos: Cortesía de Ana María García Calderín)

El 11 de julio de 2021, Brenda Díaz García atendía a sus gallos en el patio de su casa de Güira de Melena junto a algunos amigos y su hermano menor. No pasaba por su cabeza que horas después sería ella la que tendría que afinar sus espuelas para convivir con hombres en una cárcel.

En la prisión la raparon, la vistieron como un reo más. Le quitaron todo lo que apreciaba: su pelo, sus uñas. La encerraron con machos, vestida de macho, y en el pase de lista cada referencia a su persona le recordaba el nombre que le pusieron al nacer y que enterró a los 12 años, cuando decidió ser, ante el mundo, Brenda.

El 17 de junio de 2022, casi un año después de que Brenda, ahora con 29, saliera con un vestido estampado a manifestarse en las calles de su pueblo, Ana María García Calderín se encontraba en el Tribunal Municipal de Marianao para la vista del recurso de casación de la sentencia de 14 años de privación de libertad dictada contra su hija. Para este momento, Brenda había ido cuatro veces a la enfermería y había sido hospitalizada dos veces en la prisión.

Ana María cuenta que los abogados hicieron muy buen trabajo en la vista reciente: «Hubo uno de ellos que pidió por las 33 personas juzgadas. Dijo que se debía valorar que eran jóvenes y que en ese momento no tenían consciencia de lo que estaban haciendo, por eso debían darles la oportunidad de volver a sus casas».

Los juicios se celebraron entre el 7 y el 11 de marzo del 2022, en la sala de delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Municipal de 10 de Octubre, en La Habana. La sentencia se comunicó el 8 de abril.

Ana María explicó además que la defensa alega que no debe juzgarse como sabotaje lo acontecido en Güira de Melena, porque «el pueblo completo salió a la calle, tiró piedras y rompió tiendas, por qué habría de culparse a treinta y tres personas».

«Yo pienso que le bajarán la sanción a mi hija, soy optimista. Según la abogada sabremos qué sucederá con Brenda en alrededor de 15 días», dijo Ana María.

Una cárcel de hombres

Al llegar a Panamá, una cárcel de Mayabeque a la que van a parar personas de cualquier género, no valieron reclamos ni explicaciones, porque el documento de identidad que llevaba consigo no decía Brenda.

No importó que fuera la niña querida de su madre, ni que todo su barrio la llamara Brenda, ni que fuera conocida por su trabajo como transformista  en el cabaret Babilonia.

Entrado agosto, ya había estado en el técnico Cuatro Caminos, del municipio de Guanajay, junto a Luis Manuel, su hermano de 16 años. Él fue liberado con una multa de mil pesos y una medida cautelar. Ella fue trasladada al Campamento Reloj Club, de Boyeros, en La Habana.

En pleno verano y mientras Cuba enfrentaba una de las peores crisis económicas de la historia, llegó a prisión. Allí empezaría el desafío de Ana María García Calderín, una mujer de 56 años, para conseguir los alimentos que, hasta hoy, le lleva cada 15 días a su hija.

La madre de Brenda cosía para vivir, un oficio que también enseñó a su hija. Desde que Brenda, alias «La Pichu», empezó a hacer transformismo, su madre hacía los vestidos que usaba en los espectáculos y más adelante era ella misma quien cosía para muchas transformistas de Güira de Melena.

Ana María no tiene cabeza para coser desde el 11 de julio de 2021, porque solo piensa en cómo estará su hija presa. Por eso vendió su máquina y con ese dinero pagó algo de la jaba que debía llevar al encuentro quincenal en la prisión. Ana María tiene seis hijos y paga dos mil pesos solo en transporte para ver a Brenda.

«Mi hija tiene problemas en los riñones y gastritis crónica desde los diez años. En la cárcel le dan medicamentos cuando hay, pero le han faltado bastante. También toma antirretrovirales porque es seropositiva», advierte.

Ana María afirma que la comida en la cárcel es «de muy mala calidad» y eso le hace daño a su hija, que requiere de una dieta especial. «Las bandejas en que le sirven están sucias, y cuando les dan pollo es un hueso con un pedazo de pellejo», enfatiza.

Ella suele llevarle toda la carne que encuentra, e incluso la fríe para que no se le eche a perder y pueda comer bien al menos unos pocos días. El maní y las galletas, las otras cosas que logra conseguir debido a la crisis económica, le hacen daño, por eso su salud ha empeorado.

Por suerte, pronto le hará llegar medicamentos para aliviar la gastritis. No obstante, la escasez en las farmacias del país no le ha permitido adquirir otras pastillas fundamentales para mejorar la calidad de vida de Brenda.

Las caras de la transfobia

Mientras en Güira el novio de Brenda vendía su mesa y los pocos recursos que ella tenía para arreglar uñas, así como todo cuanto le pertenecía, «La Pichu» se enfrentaba a toda la transfobia de una cárcel de hombres.

Nada más llegar, uno de los reos intentó cortarle la cara y ella se fajó. Tuvo que defenderse con todas su fuerzas y faltó poco para que la llevaran a una celda de castigo. Por suerte se esclarecieron los hechos y el verdadero culpable fue castigado.

Brenda ha estado enfrentada a la transfobia toda su vida.

Cuando decidió, por fin, vivir como mujer, en su familia no gustó la idea. En muchas ocasiones tuvo que dejar de usar vestidos y maquillaje. Le exigían que se cortara el cabello. Hasta ese momento habían aceptado su aparente «homosexualidad», pero la transición era muy difícil de asimilar para ellos.

Más adelante comenzó a tomar hormonas femeninas «recetadas» por otras mujeres trans que, como ella, no encontraron la atención médica especializada. Actualmente, por encontrarse tras las rejas y sin un servicio médico que reconozca su identidad de género y provea las hormonas que necesita, Brenda tuvo que abandonar el proceso.

«La Pichu» no solo salió a la calle el 11 de julio por la precariedad económica en que estaba viviendo, salió también por la transfobia que había vivido. Para una mujer subalterna, en un país que no reconoce su identidad de género, el inicio de la carrera hacia la estabilidad se encuentra a kilómetros del punto de partida de cualquier sujeto cisgénero.

Brenda conoció en la cárcel esa misma transfobia, pero esta vez en su máxima expresión.

Tremenda Nota tuvo acceso a la causa 23, sentencia número 20 de 2022, correspondiente al juicio oral y público en que el Tribunal Militar Territorial Occidental aborda los sucesos del 11 de julio de 2021 en Güira de Melena y, por ende, el caso de Brenda Díaz.

El expediente menciona el alias con que familiares y amigos la conocen, «La Pichu». Ana María cuenta que ese apodo se lo puso su padre desde la niñez y que ella lo adaptó a su identidad de género más adelante. 

El documento describe que Brenda solo tiene noveno grado y está «desvinculada laboralmente». Su madre explica que ella intentó estudiar y trabajar, pero tanto en la escuela como en los centros de trabajo le exigían ir vestida de hombre y la llamaban por el nombre legal. En el momento de su detención, Brenda tenía un negocio pequeño de arreglar uñas en casa y se mantenía cosiendo de vez en cuando para la calle.

También la describen como una persona «rechazada por sus vecinos» a pesar de participar en las actividades convocadas en el barrio. El informe aclara que este rechazo no parte de su «orientación sexual», un término erróneo que el tribunal militar confunde con identidad de género.

Este rechazo, según las investigaciones de las autoridades, fue provocado por «alteraciones del orden público que devinieron en advertencias oficiales y contravenciones en el orden administrativo».

La sentencia del tribunal establece que Brenda participó en las manifestaciones del 11 de julio, y fue parte de la multitud que lanzó piedras contra las tiendas Trasval y El Encanto, en Güira de Melena. El expediente asegura que fue una de las líderes de la manifestación y que se apropió de un ventilador, una olla de presión y una caja de confituras durante el saqueo de las tiendas.

A Brenda inicialmente se le imputaron los delitos de desórdenes públicos, sabotaje de carácter continuado, daños. atentado y robo con fuerza, que en total suman una sanción inicial de 18 años de privación de libertad. La sanción se rebajó a 14 años en el juicio oral. Actualmente se esperan los los resultados del recurso de casación que celebró su vista oral este 17 de junio.

Sabotaje fue el delito principal por el sancionaron a Brenda. El tribunal miltar no la consideró responsable del delito de atentado.

La transfobia que ha sufrido durante todo el proceso penal, es ilegal según las leyes cubanas.

El Código Penal, en lo que denomina el «Delito contra el derecho de igualdad», plantea que la ley sanciona a quien discrimine o incite a discriminar por identidad de género, entre otras razones.

La Constitución de la República de Cuba dispone que todas las personas «gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, identidad de género…»

Desde el inicio, en la sentencia del tribunal militar se nombra a Brenda por su nombre legal y la tratan como hombre en todo momento. Pudimos comprobar, gracias al testimonio de su madre, que de igual manera se procedió en los juicios presenciales. Brenda ha sido tratada como alguien que no es y su identidad de género ha sido obviamente violentada durante el proceso legal.

Lisbeth Moya

Lisbeth Moya

Periodista feminista y militante de izquierda

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