Mujeres en jaque: no juegan peor, juegan menos


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Foto de portada: Carolina Vilches Monzón

El reglamento de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) no argumenta por qué los competidores de una disciplina deportiva donde vale más el intelecto que la fuerza se organizan en dos bandos excluyentes. En Cuba, como en el resto del mundo, la mayoría de las competiciones del llamado juego ciencia se dividen en masculino y femenino.

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Pasan las cinco de la tarde en la calle Gloria de la ciudad de Santa Clara, y el bullicio en la Academia Municipal de Ajedrez es llamativo. Hay dos jugadores frente a cada tablero del juego ciencia, hay diez tableros, y llama la atención que todos los que están en la sala son hombres.

Las niñas, las mujeres, están en su casa a esa hora, explica un entrenador.

Las diferencias físicas entre los sexos femenino y masculino resulten irrelevantes en la práctica del ajedrez: aún así, la historia del ajedrez la han escrito en gran medida los varones. Los reportes y excusas intentan explicar por qué las mujeres juegan peor, o por qué su ELO –el valor estadístico de su habilidad relativa como ajedrecista– es inferior al de los hombres, pero nadie ha explicado por qué juegan menos.

Un estudio alemán de 2007 arrojó que la proporción entre el número de hombres y mujeres que juegan ajedrez es alarmante: de cada 16 hombres, solo una mujer practica ese deporte como un modo de vida. El estudio comprobó los mismos resultados en otros países europeos. Otro análisis de 2005 reflejó que las mujeres juegan menos partidos con clasificación FIDE que los hombres: solo un tercio de los que juegan sus pares masculinos.

En enero de 2012, solo un 8.51 % de los jugadores clasificados por la FIDE eran mujeres. Si existen abismales diferencias entre el número de hombres y mujeres que juegan ajedrez, no es porque ellas jueguen peor, sino porque juegan menos. Por eso, estadísticamente es probable que haya menos mujeres en el top local y mundial.

La Federación Española de Ajedrez descubría en 2016 que solo el 8.4 % de sus jugadores inscritos eran mujeres. Con ese dato revelador, la disciplina deportiva quedaba asegurada como una de las menos igualitarias de la nación ibérica.

En Cuba el panorama es idéntico al resto del mundo. La principal ajedrecista de la actualidad, la pinareña Lisandra Ordaz, tiene menos de 300 puntos ELO que el mejor ajedrecista masculino, Lázaro Bruzón. De hecho, Ordaz, con 2 393 puntos, no entraría entre los diez primeros del escalafón de ajedrecistas cubanos. Según el último ranking de la Federación Cubana ocupa el puesto 46.

En total, solo cuatro mujeres tienen los 100 mejores ELO del país. La baja representatividad femenina en los altos niveles expresa la realidad social: la mujer tiene menos privilegios que los hombres. El acceso de ellas al ajedrez sigue siendo menor, aunque no haya reglas que las excluyan.

 

Dos ajedrecistas se enfrentan en una partida amistosa. (Foto: Carolina Vilches Monzón)

Jugar con las piezas negras

Cuba fue el primer país de América Latina donde se practicó ajedrez, en el lejano año de 1518. Pero no fue hasta cuatro siglos después que la Isla coronó a una mujer como campeona absoluta de la Isla. Absoluta, porque en 1922 no había otras mujeres que compitieran y María Teresa Mora Iturralde jugó contra hombres. Desde 1938 hasta 1960 –año de su retiro– la cubana fue campeona nacional entre mujeres, sin que se conociera ninguna derrota suya frente a las de su género. Mora Iturralde fue también la primera Maestra Internacional de Iberoamérica y la única alumna de José Raúl Capablanca.

Aunque después del triunfo de la Revolución Cubana hubo más participación femenina en el ajedrez, los hitos internacionales protagonizados por mujeres fueron pocos. Apenas en 2001, Cuba consiguió que dos ajedrecistas –Maritza Arribas y Sulennis Piña– clasificaran a un Mundial de Ajedrez. En 2017, Lisandra Ordaz estrenaba ELO récord para una cubana, y se colaba entre las 100 mejores del mundo. Muchos más hombres, por supuesto, conseguían mejores puestos a nivel internacional.   

Para la Maestra Internacional cubana (MI) Zenia Corrales, la preparación física sí incide en la labor del ajedrecista, lo mismo que los prejuicios de la sociedad.

«Los varones practican deportes desde pequeños, mientras las niñas se quedan en sus casas y no son competitivas, no se preparan para el deporte como los niños», explica a Tremenda Nota.

«En el ajedrez las mujeres podemos competir contra los hombres. Esa es una ventaja, porque nos sube el nivel. Me gusta bastante jugar contra ellos, siento que me ayudan y que puedo derrotarlos», concluye.

Basado en prejuicios que todavía sobreviven y se reproducen en la sociedad, Osmany Pedraza Ledón, entrenador villaclareño de esta disciplina en las categorías inferiores, cree que, como cualquier otro deporte, en el ajedrez debe haber campeón y campeona. «Las mujeres pueden estar en torneos de hombres si se ganan el derecho. Pero los hombres no pueden jugar en torneos de mujeres, como es lógico –dice a esta reportera–. Igual son muy pocas mujeres las que han logrado estar entre los 100 primeros del mundo».

«Tiene un talento fantástico, pero, después de todo, es una mujer», decía el campeón mundial Garri Kaspárov de la húngara Judit Polgár, la primera mujer en derrotarlo. En octubre de 2008 esta mujer era el puesto 27 del mundo en el ranking sin distinción de sexo. Pero no había muchas más. La mayoría de las veces, sin patrocinio en un deporte profesional, las mujeres no se permiten dar pasos en falso: apuestan a competir contra jugadores de su mismo ELO (por lo general otras mujeres).

Ainhoa Azurmendi, una experta española en deporte y género, aseguró a la revista Pikara Magazine que en el ajedrez, igual que sucede en otros deportes y ámbitos de la vida, «los hombres se enfrentan a la partida sabiéndose ganadores».

«No de una partida de ajedrez en particular, sino de todas las que tengan por delante; ganadores simbólicos, poseedores de los dones de los guerreros, que protegen a su reina y a sus peones con valentía. Juegan con ventaja. De su lado, el sistema de valores. ¿Cuántas mujeres ajedrecistas de primer nivel habría si se creciera en igualdad?», se pregunta la especialista.

Una niña juega ajedrez en Santa Clara. (Foto: Carolina Vilches Monzón)

Tablero a la cubana

Cuba tiene registrado 2 888 ajedrecistas –la gran mayoría hombres–, según la página oficial de la FIDE. Como sucede en el resto del planeta, hay campeonatos femeninos y masculinos desde las categorías inferiores. También existen algunos torneos infantiles inclusivos como «Buscando a Capablanca», donde los niños y niñas juegan entre sí frente a los tableros. Aún así, la mayoría de los participantes siguen siendo varones.

La lid ajedrecística más relevante celebrada en Cuba, el Campeonato Internacional José Raúl Capablanca, en su versión élite nunca ha tenido una competidora mujer. La excusa siempre ha sido que ninguna alcanza el ELO exigido para considerarse dentro de ese grupo top.

«Eso se explica mejor en la sociedad machista a nivel global, no solo en el ajedrez, sino en todos los ámbitos. No hay equidad de género. El problema va más bien en la mentalidad, ya sea en la cultura o en el deporte, es un mal sin remedio», analiza sobre el tema la MI Jennifer Pérez, campeona de Cuba en 2006, y de Paraguay (país por el que compite actualmente en la arena internacional) en 2018.

En el año de su coronación en Cuba, Pérez afirmaba que le gustaba jugar más contra los hombres, porque se sentía menos presionada. Y ante una interrogante sobre la «supremacía masculina debido a la genética», contestaba: « [los hombres] se dedican más a eso. Ellos por lo general tienen más voluntad para el deporte y también están los roles sociales asignados a cada sexo. Las mujeres se enamoran, se casan, tienen hijos…».

«Quizás no debería haber una separación pues no es un deporte físico –señala la campeona cubana desde Ecuador, donde reside– pero nuestro deporte está prácticamente dominado por la hegemonía masculina. Nosotras pasamos por situaciones muy diferentes que nos imposibilitan un poco llegar a tener más nivel que los hombres».

Para Sandra Espinosa García, campeona nacional juvenil hace una década, los hombres no quieren jugar contra las mujeres en los torneos mixtos de ELO muy elevado. La Comisión Nacional de esta disciplina debería repartir justicia y no prejuicios, sugiere Sandra.

«Es muy bueno topar con los varones para aumentar el nivel y ganar madurez deportiva. Hacer una norma de Gran Maestra en los torneos más fuertes del país es muy difícil. Aquí en La Habana estamos mejor porque competimos bastante, pero yo considero a las muchachitas de otras provincias», dijo Espinosa García al diario Juventud Rebelde en 2008.

A esa confidencia se unen las carencias materiales tan recurrentes en la Isla. Por ese año, 2008, la Academia Provincial de Ajedrez en Pinar del Río, por ejemplo, no contaba con una computadora, esencial para el desarrollo del juego ciencia. Muchos de los torneos en provincias, por razones de presupuesto, limitan la presencia de los entrenadores e incluso reducen el número de concursantes. Por eso, muchas de las grandes figuras del ajedrez femenino de la Isla residen en otros países y solo regresan a Cuba para sus grandes competiciones.

Por cuestiones materiales, el país también perdió el torneo que llevaba el nombre de la mejor ajedrecista de la Isla, el «María Teresa Mora Iturralde». Según la veterana Maestra Internacional Tania Hernández –en declaraciones a Juventud Rebelde– habría que rescatar un certamen realmente fuerte, pero que incluyera también a los hombres.

«Si recuperáramos este evento, yo lo haría mixto –sugiere la MI–. Con más participación de mujeres que de hombres, pero mixto. Cuando se pierde un evento es una oportunidad menos de crecernos y nosotras estamos cansadas de jugar contra nosotras mismas».

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Mayli Estevez

Mayli Estevez

Nació en 1986, el año en que Maradona levantaba en el Estadio Azteca la Copa Mundial de Fútbol para Argentina y cuando por última vez se avistaba en la órbita de la Tierra el cometa Halley. No sé si me suceda como a Mark Twain, pero el 2061es un buen año para morir,  solo por imitarlo. Periodista titulada, deportista frustrada. La opción que me quedó fue hacer el coctel de periodista deportiva.

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