Cubanas migrantes: “Dentro de la selva se pierde la noción del tiempo”


2,938 Vistas

El Tapón del Darién, una zona descrita por el periodista norteamericano Jason Motlagh como “el pedazo de jungla más peligroso del mundo”. (Foto: Cortesía de Yuneisy Ruiz Ruiz)

En los últimos años han dejado Cuba más mujeres que hombres, según estadísticas internacionales. Igual que otros grupos migrantes vulnerables, en sus trayectos las mujeres chocan con más leyes patriarcales, con más violencia y más abusos que los hombres.

Tremenda-Nota-TN-2018

A punto de caer la noche, más de treinta personas recorren la selva del Darién, en la frontera de Colombia con Panamá. Vienen ocho mujeres, diez niños. Algunas salieron de Haití, pero la mayoría son cubanas.

Es diciembre de 2018. Hace casi dos años Barack Obama, entonces presidente de Estados Unidos, derogó la política “Pies secos, pies mojados” que otorgaba refugio a todos los cubanos que llegaran a territorio estadounidense.

Quienes viajan ahora por las selvas no saben qué sucederá cuando alcancen la frontera de México con Estados Unidos, reforzada en los últimos meses por disposición del gobierno de Donald Trump para contener varias caravanas de migrantes procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador.

La cubana Yuneisy Ruiz Ruiz, como la mayoría de las migrantes de la Isla que atraviesan Centroamérica, se lanzó a viajar sin conocer cuán complicada sería la travesía.

“Piensa en otra cosa”, se exigía ella misma.

A ratos no puede concentrarse en nada como no sea el dolor. El viaje comenzó en la ciudad de Concepción, Chile, adonde ella y su esposo llegaron como migrantes ilegales hace meses después de atravesar toda América del Sur desde Guyana, el último país del continente que permite el ingreso de cubanos sin exigirles visado.

Ahora hacen el camino a la inversa.

Yuneisy no recuerda con precisión hace cuántos días, antes de internarse en la selva, los asaltaron. “Unos delincuentes” les quitaron las mochilas, los medicamentos, la comida, “todo”, dice a Tremenda Nota. En un forcejeo la cubana cayó sobre la rama muerta de un árbol y terminó lesionada. Sin antibióticos la herida se infectó.

“Sería más o menos el 11 de diciembre que entramos al Darién, no recuerdo bien”, dice. “Dentro de la selva se pierde la noción del tiempo”.

El viaje comenzó el primero de diciembre con el propósito de llegar a Nuevo Laredo, México.

Desde Perú fueron trasladados en lanchas a la playa de Nachocuna. En el apuro, recuerda Yuneisy, una mujer haitiana resbaló con su hija hacia un precipicio.

La imagen regresa una y otra vez. La mujer haitiana se perdía en la inmensidad del barranco junto con su hija de dos años y su esposo.

“Estaban débiles, la mujer lactando, la niña llorando, y todo estaba oscuro”, recuerda. “Como nosotros, ella no tenía idea de lo que enfrentaba”.

En septiembre de 2016 dos inmigrantes cubanos fueron asesinados por un coyote (traficante de personas) a quien pagaron para que les guiara desde Colombia a Panamá. Además, una de las víctimas ―la mujer― fue abusada sexualmente.

En marzo de 2018, en Playa Cascajal, Panamá, fueron encontrados los cadáveres de un hombre y una bebé de 18 meses, tras el naufragio de una lancha donde viajaban seis cubanos y cuatro ecuatorianos. También, en mayo del año pasado dos migrantes cubanos contaron a la prensa que la selva se tragó a dos mujeres angolanas y a sus cuatro hijos.

A Yuneisy le dijeron que muchos migrantes habían topado en el Darién con cadáveres casi descompuestos. Creyó que exageraban.

Un camino de mujeres

Hace más de cinco años por esa misma selva pasó Claudia, una cubana que pidió reservar su verdadera identidad.

Con mucho esfuerzo llegó hasta México. Se fracturó un pie al pasar por el Darién y su esposo habló de regresar. Ella le pidió que continuara el viaje. Fueron capturados y retenidos durante quince días en una comisaría de Tamaulipas.

“Nos daban comida una vez al día”, contó a Tremenda Nota.

Venían de Ecuador. Llegaron a Quito algunos años atrás, con carta de invitación. La madre de Claudia vendió la casa de la abuela en Cuba para costear el viaje hacia Estados Unidos.

Después de su detención las autoridades mexicanas la “devolvieron” a Ecuador, donde contaba con residencia legal. Volvió a intentarlo otras veces, hasta que llegó. Como seguía en vigor la política de admisión en Estados Unidos, pudo iniciar una vida más o menos cómoda en San Antonio, Texas, pero pasaron más de cinco años antes de que pudiera reunirse con su hija.

“Cuando fui a Cuba pude comprobar que ya no nos conocemos bien, hemos perdido mucho tiempo de estar juntas”, explica.

El pasado año en Cuba, particularmente, la emigración femenina superó a la masculina en casi siete puntos porcentuales. Según esta web, hasta el año pasado se contaban 831 mil 300 cubanas migrantes.

En 2017 las mujeres y niñas representaban casi la mitad de la población inmigrante internacional, de acuerdo con Migration Data Portal, de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU. Es decir, hasta el pasado año 124,6 millones de mujeres atravesaron corredores en Centroamérica, rutas marítimas por el Mediterráneo Central o el lindero pantanoso que separa Birmania de Bangladesh.

Tags:

Comments (5)

  • Dayamy Yglesias

    |

    La selva del Darién deja demasiadas huella mucho sufrimiento y dolor no quisiera que nadie la pasará pero esta es la vida del emigrante esponerse a peligroso y hasta muerte

    Reply

  • Andy M Alemán Valenzuela

    |

    Perder la vida es el alto precio, que están dispuestos a pagar, todos aquellos que marchan de gobiernos totalitarios y/o dictaduras, con la esperanza de recomenzar una vida decente y próspera. Aún consiguiendo llegar a su destino, un alto porcentaje de ese total de mujeres no logra recuperarse jamás de la experiencia. No conocer a qué nos enfrentamos al partir es una de las cuestiones más comunes y frecuentes, no se piensa con claridad, el futuro no puede ser peor de lo que me obligó a marcharme. Saludos al colectivo.

    Reply

  • Valeria Cruz

    |

    Cómo podemos ayudarla?

    Reply

Haz un comentario