Una autopista de agua en Cuba


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Las aguas de Hanabanilla, el mayor lago intramontano de Cuba, parecen un mar en calma. Esta presa se abre en las entrañas del macizo Guamuhaya, al centro del país, 364 metros sobre el nivel de mar.  

Hanabanilla, que significa “pequeña cesta de oro” en lengua aborigen, se nombra el río que alimenta el embalse. Hoy la metáfora aún tiene sentido: los alrededores resguardan varias especies endémicas de la flora y la fauna.
Capaz de almacenar 286 millones de metros cúbicos, el espejo de agua abastece los acueductos de Santa Clara y Cienfuegos, dos ciudades sedientas en el centro de la Isla.
Humildes casas se divisan desde los botes que llevan de un lado a otro a pescadores, turistas o aventureros. Solo el motor de algún barco interrumpe el sosiego de las aguas.
Los botes a remo son el principal medio de transporte en Hanabanilla. Algunos campesinos tienen que remar hasta seis kilómetros cuando necesitan ir de de un lado a otro.
El cultivo del café, antes que la pesca, sirve de sustento a los campesinos. Montañas arriba también siembran viandas y vegetales en tierra de nadie.
Estervina Ortega (en la foto) ha vivido en las montañas del Escambray por casi siete décadas. Aunque ya cumplió 77 años no descuida su propia parcela de malangas, en la ladera de una loma. “Aquí siempre he vivido tranquilamente”, aseguró.
Los pescadores, por su parte, van a la deriva en embarcaciones improvisadas. Ninguno sabe, de antemano, quién se llevará la sarta de pescados más dichosa.
En estos confines, los campesinos casi renunciaron a la cobertura celular y olvidaron la señal intermitente de televisión.
Aquí no hay carreteras: solo el lago permite alcanzar las pequeñas comunidades a uno y otro lado. Botes de remo y barcos a motor recorren a diario su autopista de agua.
  • Hanabanilla, que significa “pequeña cesta de oro” en lengua aborigen, se nombra el río que alimenta el embalse. Hoy la metáfora aún tiene sentido: los alrededores resguardan varias especies endémicas de la flora y la fauna.
  • Capaz de almacenar 286 millones de metros cúbicos, el espejo de agua abastece los acueductos de Santa Clara y Cienfuegos, dos ciudades sedientas en el centro de la Isla.
  • Humildes casas se divisan desde los botes que llevan de un lado a otro a pescadores, turistas o aventureros. Solo el motor de algún barco interrumpe el sosiego de las aguas.
  • Los botes a remo son el principal medio de transporte en Hanabanilla. Algunos campesinos tienen que remar hasta seis kilómetros cuando necesitan ir de de un lado a otro.
  • El cultivo del café, antes que la pesca, sirve de sustento a los campesinos. Montañas arriba también siembran viandas y vegetales en tierra de nadie.
  • Estervina Ortega (en la foto) ha vivido en las montañas del Escambray por casi siete décadas. Aunque ya cumplió 77 años no descuida su propia parcela de malangas, en la ladera de una loma. “Aquí siempre he vivido tranquilamente”, aseguró.
  • Los pescadores, por su parte, van a la deriva en embarcaciones improvisadas. Ninguno sabe, de antemano, quién se llevará la sarta de pescados más dichosa.
  • En estos confines, los campesinos casi renunciaron a la cobertura celular y olvidaron la señal intermitente de televisión.
  • Aquí no hay carreteras: solo el lago permite alcanzar las pequeñas comunidades a uno y otro lado. Botes de remo y barcos a motor recorren a diario su autopista de agua.
  • Hanabanilla, que significa “pequeña cesta de oro” en lengua aborigen, se nombra el río que alimenta el embalse. Hoy la metáfora aún tiene sentido: los alrededores resguardan varias especies endémicas de la flora y la fauna.

  • Capaz de almacenar 286 millones de metros cúbicos, el espejo de agua abastece los acueductos de Santa Clara y Cienfuegos, dos ciudades sedientas en el centro de la Isla.

  • Humildes casas se divisan desde los botes que llevan de un lado a otro a pescadores, turistas o aventureros. Solo el motor de algún barco interrumpe el sosiego de las aguas.

  • Los botes a remo son el principal medio de transporte en Hanabanilla. Algunos campesinos tienen que remar hasta seis kilómetros cuando necesitan ir de de un lado a otro.

  • El cultivo del café, antes que la pesca, sirve de sustento a los campesinos. Montañas arriba también siembran viandas y vegetales en tierra de nadie.

  • Estervina Ortega (en la foto) ha vivido en las montañas del Escambray por casi siete décadas. Aunque ya cumplió 77 años no descuida su propia parcela de malangas, en la ladera de una loma. “Aquí siempre he vivido tranquilamente”, aseguró.

  • Los pescadores, por su parte, van a la deriva en embarcaciones improvisadas. Ninguno sabe, de antemano, quién se llevará la sarta de pescados más dichosa.

  • En estos confines, los campesinos casi renunciaron a la cobertura celular y olvidaron la señal intermitente de televisión.

  • Aquí no hay carreteras: solo el lago permite alcanzar las pequeñas comunidades a uno y otro lado. Botes de remo y barcos a motor recorren a diario su autopista de agua.

  • Hanabanilla, que significa “pequeña cesta de oro” en lengua aborigen, se nombra el río que alimenta el embalse. Hoy la metáfora aún tiene sentido: los alrededores resguardan varias especies endémicas de la flora y la fauna.
  • Capaz de almacenar 286 millones de metros cúbicos, el espejo de agua abastece los acueductos de Santa Clara y Cienfuegos, dos ciudades sedientas en el centro de la Isla.
  • Humildes casas se divisan desde los botes que llevan de un lado a otro a pescadores, turistas o aventureros. Solo el motor de algún barco interrumpe el sosiego de las aguas.
  • Los botes a remo son el principal medio de transporte en Hanabanilla. Algunos campesinos tienen que remar hasta seis kilómetros cuando necesitan ir de de un lado a otro.
  • El cultivo del café, antes que la pesca, sirve de sustento a los campesinos. Montañas arriba también siembran viandas y vegetales en tierra de nadie.
  • Estervina Ortega (en la foto) ha vivido en las montañas del Escambray por casi siete décadas. Aunque ya cumplió 77 años no descuida su propia parcela de malangas, en la ladera de una loma. “Aquí siempre he vivido tranquilamente”, aseguró.
  • Los pescadores, por su parte, van a la deriva en embarcaciones improvisadas. Ninguno sabe, de antemano, quién se llevará la sarta de pescados más dichosa.
  • En estos confines, los campesinos casi renunciaron a la cobertura celular y olvidaron la señal intermitente de televisión.
  • Aquí no hay carreteras: solo el lago permite alcanzar las pequeñas comunidades a uno y otro lado. Botes de remo y barcos a motor recorren a diario su autopista de agua.

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Yariel Valdés

Yariel Valdés

Nació en 1990, cuando un largo período de escasez se apoderaba de Cuba. La fotografía lo descubrió cuando se hacía periodista, unos años atrás. A cada instante hace fotos con su mente, como una Nikon humana. "Congelar" ese segundo que no volverá, es una de sus pasiones. Eso lo ha llevado a conocer historias increíbles. Fanático de Adele y del vino blanco, sueña algún día viajar por el mundo con su cámara al hombro.

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