¿Por qué una exposición feminista genera polémica en La Habana?


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La exposición “¿Qué quiere una? Anarcofeminista”  ha recibido críticas por incluir imágenes consideradas violentas. “Mi problema es con la religión” dice Enrique Rottenberg, el fotógrafo que encendió la polémica. Se exhibe hasta finales de agosto en Fábrica de Arte Cubano, en La Habana.

De espaldas al lente de Adonis Flores las uñas rojas de una mujer soldado desafían la uniformidad militar. En otra esquina, a la orilla del mar, una anciana posa en Soledad, de Carlos Otero. A la negra sin rostro de René Peña se le enredó en el cuello una soga con presillas de tender ropa. Y en la Nouvelle Collection, de Enrique Rottenberg, probablemente la pieza más polémica, una decena de mujeres ahorcadas no bajan la vista, porque es el espectador quien debe hacerlo, ante la mirada penetrante. Otras tantas azotadas cuelgan de sus pies y una cuerda vacía parece preguntar, ¿quién es la próxima?. Así transcurre ¿Qué quiere una? Anarcofeminista, la muestra de 22 artistas de Cuba y el extranjero, que se exhibe desde el 6 de junio al 31 de agosto en la Fábrica de Arte Cubano (FAC). El título de la muestra colectiva se inspira en una de las preguntas más célebres de Sigmund Freud: “¿Qué quieren las mujeres”.

Se trata de una exposición colectiva de fotografía y videoarte que generó polémica en las redes sociales tras la denuncia de un grupo de feministas alarmadas con la violencia de algunas imágenes.

“Me muestran fotos a gran formato de mujeres ahorcadas, de mujeres pendientes al vacío, atadas y colgadas a sus pies; (…) o la foto de una casa llena de sirvientas; o una gran cena llena de platos vacíos y una sola mujer negra, comiendo [de] cara al plato en estado deprimente”, escribió indignada en su perfil de Facebook la rapera Damarys Benavides, conocida como Hefzi-Ba.

Según Mercedes Mendoza, una especialista mexicana en Artes Visuales asidua a FAC, “el juego con el título es interesante, porque se observa cómo la pregunta es auto-reflexiva”. Para Mendoza la pregunta ‘¿qué quiere una?’ parece reclamar “¿hasta cuándo vamos a tolerar esto?”.

 

Hefzi-Ba denunció, sin embargo, la necesidad de “mayor responsabilidad con lo que se expone”.  “Cada vez somos más las víctimas de violencia silenciada bajo la palabra arte”, dijo la rapera. “Es duro entrar a un lugar donde lo primero es un cartel incitador al miedo como ʻa veces una va por la calle sola”.

La cantante, que dedica su obra a expresar y analizar distintas problemáticas sociales, a veces filantrópicas, asegura haberse sentido agredida en la galería de FAC, aunque la exposición intentara, por el contrario, romper estereotipos y provocar el análisis, según varios artistas implicados en la muestra.

Las imágenes “muestran el sufrimiento de mujeres muy particulares”, aceptó Cristina Díaz Erofeeva, la curadora principal. “Una cuestión terrible, pero creo que sería peor no tratarla, como si solo existiera aquello de lo cual es cómodo hablar.”

Los temas, el estilo de las fotos, resultan tan distintos como la veintena de autores y podrían generar emociones contradictorias, edificantes y terribles a la vez, en la galería Fotofac.

“El rechazo que produce es el mismo rechazo que debería producir la realidad, a la que de cierta manera alude”, dice Erofeeva. “No muestra algo deseado por una mujer y por eso justamente la muestra se llama así. Esa era la intención, responsabilizar al sujeto femenino. La lucha por la autonomía no es un concepto abstracto. Pasa por el doloroso momento de superar la sensación de identificación con las obras”.

 

Fragmento de la obra Ve y di que yo soy (Enrique Rottenberg), una de las más polémicas de la muestra. (Foto: Rafael Gordo Núñez).

 

Punto de vista

Díscolo y provocador, lúdico y cerebral, así ha calificado la crítica a Enrique Rottenberg.

El fotógrafo emplea una narración tradicional para explicar su punto de vista en Ve y di que yo soy, otra de las piezas cuestionadas por las feministas. Se trata de un cuento hebreo donde un hombre le dice a otro: “Tu hermana es una puta”. El segundo responde que no tiene ninguna hermana.

“Entonces” −dice Rottenberg−, “yo no tengo hermana. Y no tengo dios, ni patria, ni bandera”. Igual que el hombre se desentiende de la hermana que no existe, el fotógrafo se aparta de algunas interpretaciones que genera su obra.

A la vez −explica el artista− el título de la obra en cuestión se inspira en un pasaje bíblico: el momento en que Dios entregó los diez mandamientos a Moisés, en el Monte Sinaí y le dijo: “Ve y di que yo soy”. Esa frase, sin más detalles, explicaría la relación entre religión y el lugar de las mujeres en la sociedad, desde entonces hasta acá, según Rottenberg.

Nacido en Argentina, hijo de padres polaco-rusos, nacionalizado israelí y residente en Cuba desde hace 25 años, el fotógrafo se aleja esta vez de los colores cálidos y acogedores de su anterior serie, Dormir con…, donde aparecen disímiles dormitorios de diferentes clases sociales y en varios puntos de Cuba, con una sola afinidad: la hospitalidad de la gente.

“Yo vengo del Medio Oriente, donde el primer rezo de los judíos en la mañana es ‘Gracias Dios por no hacerme mejor”, explica Rottenberg a Tremenda Nota.

“Mi problema es con la religión, donde la mujer no tiene valor alguno”, asegura. Por eso, donde las feministas observan una cuerda ansiosa de otra víctima, el fotógrafo supone la ausencia de una mujer que fue vendida como resultado de un conflicto religioso.

Rottenberg no quiere ser vocero de la Revolución, pero cree que, pese al machismo en Cuba hay, a diferencia de otros países de Latinoamérica, cierta libertad sexual. Se pregunta: “¿te imaginas a alguien de mi edad que cuando niño temía hacerse una paja, por miedo a ir al infierno?” De ese conflicto, dice, va en esencia su obra.

“Pero repito, yo no tengo hermana”, dice al final.

¿Qué quiere una?

Díaz Erofeeva cree que esta polémica es una batalla ganada, porque ha provocado un diálogo.

“Todas estas sensaciones son absolutamente válidas y legítimas”, defiende la curadora, después de explicar las dos grandes referencias que aparecen en el título de la exposición.

Según la especialista, el planteamiento “retoma la vieja hipótesis de Freud, hombre y patriarcal, incapaz de comprender qué quiere cada una de nosotras”. La referencia al anarcofeminismo, por su parte, la asume como una afirmación “en contra de las relaciones de poder”.

 La muestra colectiva ¿Qué quiere una? Anarcofeminista estará abierta al público hasta finales de agosto en FAC. (Foto: Rafael Gordo Núñez).

Por su parte, Sandra Álvarez Ramírez, feminista afrodescendiente consultada por Tremenda Nota, cree que la exposición de la violencia sin crítica o denuncia se convierte en un acto morboso.  Que existe un estrecho hilo entre el arte que propone pensar sobre una realidad y lo que en nombre del arte tiene una intención efectista, o pretende “montarse en la actualidad social”.

En Cuba no existen movimientos feministas legalizados y la única organización reconocida es la Federación de Mujeres Cubanas, subordinada al Partido Comunista.

La única revista independiente inspirada en el feminismo, Alas Tensas, sufre el hostigamiento de los servicios de inteligencia y su directora, Ileana Álvarez González, ha sido interrogada e impedida de viajar al extranjero.

“Desgraciadamente, ciertos temas se vuelven moda, porque tratarlos da prestigio en algunos casos”, piensa Álvarez Ramírez, conocida en las redes sociales como Negra Cubana. Para ella, “la violencia contra la mujer se descontextualiza cuando no se trata bien ni se investiga lo suficiente, y entonces podrían obtenerse resultados contraproducentes”.

Durante los últimos años diferentes grupos sociales y voces independientes han comenzado a declararse en contra de la violencia física, psíquica y simbólica a la que son sometidas las mujeres en los medios de comunicación. Recientemente, la Gaceta Oficial de la República de Cuba publicó el Decreto-Ley 349 de 2018, que coarta la libertad artística y sanciona las obras exhibidas en medios audiovisuales si presentan contenido pornográfico, violento, sexista, vulgar u obsceno.

“Por lo pronto, festejo el debate que esta expo ha situado, aunque me gustaría que se extendiera a todo lo que se produce en la isla, a todas las ausencias legislativas, para que la justicia de género llegue y se traduzca en leyes y en diálogos y debates que nos ayuden a desaprender tanto machismo concentrado”, opinó la periodista Marta María Ramírez.

 

 

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Rafael Gordo

Rafael Gordo

Periodista freelancer. Es de un pueblo de Cuba donde lo irracional se torna realidad bendita. Añora masticar la caña subido a un vagón ferroviario. Nunca ha visto un juego de pelota entero. Y no se cree ya ningún cuento mal contado. Cinco años después, comprendió que había cometido el peor error de su vida. Pero como no le queda otra opción, aún continúa escribiendo.

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