La maldición de María Luisa


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¿Por qué nadie recuerda a García Longa? La tenista hoy olvidada fue la primera mujer cubana en ganar dos medallas de oro en los Juegos Centroamericanos.

Ilustración principal: Alejandro Cairo

En Cuba ninguna institución deportiva lleva su nombre. Desde 1930, Centroamérica y el Caribe han celebrado 21 ediciones de los Juegos. Ninguna otra tenista cubana ha igualado a María Luisa García Longa.

En 1926, cuando surgieron los Juegos Centroamericanos en tierras aztecas, no se permitió que las mujeres midieran su talento. Pero cuatro años más tarde, cuando La Habana sirvió de sede a la competencia, seis cubanas rompieron el celofán. 590 hombres y seis mujeres adscritas al Vedado Tennis Club desfilaron en el estadio La Tropical. En 1930 María Luisa García Longa ganó dos medallas de oro, una en singles y  otra en dobles.

Cuba, el país anfitrión, se dio el lujo de disponer de dos buques (Patria y Cuba) de la otrora Marina de Guerra para trasladar a más de 600 personas, entre atletas, entrenadores y reporteros. Solo Puerto Rico utilizó la vía aérea, en un vuelo corto de Pan American Airways. Además de los boricuas y los tres fundadores de 1926 (México, Cuba y Guatemala), Costa Rica, El Salvador, Panamá, Jamaica y Honduras completaron el cuadro como invitados.

Los hombres

El primer campeón olímpico de la Isla, el esgrimista Ramón Fonst, acaparó todas las miradas en La Habana de 1930. Fonst ya había brillado en la anterior cita centroamericana, pero en los II Juegos protagonizó una faena perfecta. Oros en florete y espada, sin recibir un solo toque en los 21 combates efectuados: Fonst sobrepasó cualquier expectativa.

Desde el público que le vio pelear, el cronista cubano Pablo de la Torriente Brau describió lujosamente la clase magistral del esgrimista. Para el periodista ni siquiera los tres mosqueteros habrían detenido a Fonst. Imaginó que los tres personajes conversaban hasta despedirse con una frase lapidaria: “vámonos, para no hacer el ridículo. A ese hombre no lo toca ni el aire”.

Por Pablo también se sabe que la inauguración ocurrió durante una tarde calurosa de marzo, y que el estadio La Tropical —hoy Pedro Marrero— se ocupó hasta su máxima capacidad, tanto que algunos chicos se “colaron” sin pagar la entrada. “(…) Dieron comienzo las competencias olímpicas, justamente, cuando un negrito simpático, de menos años que la suma de mis dedos mecanográficos, con una blusa más blanca que su sonrisa ancha, se sentó a mi lado con la magnífica autoridad de quien se ha colado en el espectáculo”, escribió el cronista en esa época.

El programa competitivo de La Habana 1930 fue un poco más extenso que el de cuatro años atrás. Se redondeó la cifra de diez disciplinas: atletismo, baloncesto, béisbol, fútbol, natación, clavado, esgrima, tiro, voleibol y tenis. El fútbol debutaba y, como era de esperarse por el apogeo de los clubes de españoles emigrados en Cuba, la selección local se coronó.

Ellas rompieron la inercia

El instante en que María Luisa García Longa y otras cinco tenistas desfilaron por la grama de La Tropical marcó un hito en las competiciones deportivas regionales.

Desde 1900, en los Olímpicos de París, las mujeres habían competido en disciplinas como el croquet, el golf y el tenis, deportes exclusivos de la aristocracia donde las mujeres eran “bien vistas”. Pero no sería hasta 1928, en Ámsterdam, que ellas pudieron lidiar en disciplinas “menos adecuadas” como el atletismo. No obstante, los avances acontecían muy lejos del Caribe, donde se levantaron más lentamente las restricciones a su desenvolvimiento social.

En la cita habanera de 1930 solo la delegación cubana se atrevió a romper el soliloquio machista de los Juegos Centroamericanos. Aunque los organizadores transmitieron la invitación al resto de las delegaciones regionales, todos los participantes optaron por no incluir a las mujeres.

La sede para la competencia femenina sería un terreno archifamoso de la época, el Vedado Tennis Club, ubicado en Calzada y 12 —actual Círculo Obrero “José Antonio Echeverría”. El sitio era un club privado de la alta burguesía habanera, que excluía a personas judías o negras. Las seis mujeres que allí lidiaron durante los Centroamericanos eran blancas, asociadas a familias y personajes pudientes de la época.

 

El Vedado Tennis Club, una institución deportiva fundada en 1902, acogió las pruebas femeninas de tenis de campo en los Juegos Centroamericanos de La Habana, en 1930. (Flickr)

Las cubanas jugaron entre sí. García Longa triunfó en singles y en dobles, junto a su compañera María del Carmen Camacho. La tenista ganó dos medallas doradas, que sumadas a la lista de victorias de Cuba (en total 28 metales áureos) posicionaron a la Isla en el primer puesto del medallero centroamericano.

Con su desempeño, quizá García Longa abrió las puertas a la participación femenina de la siguiente edición de los juegos, en San Salvador (1935).En ese evento, finalmente, se oficializó la participación del género femenino en los deportes de baloncesto, voleibol, tenis y natación. Esta vez las cubanas coparían la natación, con el oro en todas las competencias, excepto en el relevo 4×100 estilo libre, que ganaron las mexicanas.

Olvido actual

Es norma en la Isla que las instituciones deportivas y los eventos nacionales lleven el nombre de glorias del deporte cubano. Sin embargo, las autoridades del país nunca han creído que María Luisa García Longa, la primera campeona centroamericana de la historia, merezca ese honor. A esta singular deportista no se le recuerda, no se le rinde honores, no se le nombra.

De hecho, en Cuba ningún estadio, cancha, sala polivalente o institución deportiva relevante reconoce a las mujeres. Según la indagación de Tremenda Nota hasta hoy, solo el estadio de béisbol del municipio de Ranchuelo y la Sala de esgrima de Sagua la Grande, en Villa Clara; así como dos escuelas de iniciación deportiva en Ciego de Ávila y Camagüey, llevan el nombre de alguna mujer.

Por demás, con el triunfo de la Revolución en enero de 1959 deportes como el golf o el tenis, e instalaciones deportivas de la burguesía habanera, pasaron al olvido. Hoy las canchas de tenis y las piscinas del Vedado Tenis Club lucen inutilizables; el edificio se derrumba parcialmente. Las figuras que allí se formaron −como Reynaldo Garrido, ganador del Canadian Open en 1959−, fueron borradas de la historia deportiva cubana por emigrar a los Estados Unidos.

“La relación del tenis con las élites habría desafiado muchos de los valores de la Revolución cubana. El régimen quería deshacerse de cualquier rastro de historia colonial, y creo que el tenis fue una víctima”, diría en 2017 al periódico The New York Times, Robert Huish, profesor de la Universidad Dalhousie, en Halifax, Canadá. Ese año, sin embargo, la ONG norteamericana Kidson the Ball donó al Centro Nacional de Tenis de Cuba equipamientos estimados en 750 mil dólares.

Aquí, ahora

El equipo nacional de tenis del país caribeño se compone de 18 atletas; solo seis son mujeres. Yusleydis Smith Díaz, de 21 años, es la actual campeona nacional, pero solo compite a nivel internacional en uno o dos eventos al año. Según su entrenador Wilfredo Henry un tenista necesita jugar 25 torneos anuales para alcanzar una forma adecuada. Pero Smith solo participó en los Centroamericanos de Barranquilla 2018, donde coincidió con la campeona olímpica de Río 2016, la boricua Mónica Puig.

Después de la reinauguración del Centro Nacional de Tenis en 2017 Smith Díaz dijo a The New York Times: “Tenemos una nueva esperanza. Pero jugar tenis aquí es muy difícil”. A la vez, según declaraciones de Wilfredo Henry parafraseadas en Play-Off Magazine en abril de 2018, el tenis cubano vivía uno de los peores momentos de su historia, por la frecuente emigración de deportistas y entrenadores.

Si bien en la década del 30 del pasado siglo María Luisa García Longa tuvo que esperar la caída de los prejuicios para acceder a las competiciones de rango centroamericano, en la Cuba actual Smith Díaz ha tenido que sortear otro tipo de dificultades: canchas en mal estado, raquetas sin mallas, pelotas inservibles y la falta de prioridad con que las autoridades tratan al tenis de campo en la Isla, si se tiene en cuenta la relevancia de otras disciplinas deportivas como el béisbol o el boxeo.  

Cátedra de tenis de campo en el municipio villaclareño de Caibarién, a 300 km de la capital cubana. (Foto: Carolina Vilches Monzón)

“Se necesita alguien que sienta amor por este deporte, alguien a quien le duelan las cosas que le suceden a este deporte. Se me apretuja el alma”, dijo a Tremenda Nota Carlos Manuel Fernández Diego, ex entrenador de tenis en Caibarién, una ciudad costera de donde provenía el 50% de la plantilla de tenistas de la provincia de Villa Clara en la década del 70. Hoy Caibarién no cuenta con canchas ni tiene entrenadores.

Este año Smith Díaz, la mejor raqueta femenina de la Isla, trató de emular a García Longa en tierras colombianas, pero quedó por debajo de las expectativas cubanas, que la anunciaban a priori como medallista de bronce. Desde aquella campeona de 1930, olvidada, Cuba no ha vuelto a conseguir otro metal dorado en esa disciplina.

 

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Mayli Estevez

Mayli Estevez

Nació en 1986, el año en que Maradona levantaba en el Estadio Azteca la Copa Mundial de Fútbol para Argentina y cuando por última vez se avistaba en la órbita de la Tierra el cometa Halley. No sé si me suceda como a Mark Twain, pero el 2061es un buen año para morir,  solo por imitarlo. Periodista titulada, deportista frustrada. La opción que me quedó fue hacer el coctel de periodista deportiva.

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