El mundial en cualquier patio


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Hasta las desgastadas calles de los barrios en Cuba, llega la pasión por el Mundial de Fútbol Rusia 2018.

En este archipiélago caribeño el balón mundialista se multiplica, palpita en cada jugada o equipo callejero, en los miles de “Messis” y “Ronaldos” que juegan con los pocos medios que tienen a mano. Cada team elige una selección y ¡a rodar el balón!  

Armar un partido de fútbol “a la cubana” parece relativamente sencillo. Como terreno, cualquier calle o campo despejado sirve. La portería suele delimitarse con marcas del entorno, casi siempre con dos piedras o dos zapatos. La pelota, aunque se juegue fútbol, puede ser de voleibol, de baloncesto, de polo acuático o de playa, siempre y cuando resista los embates. Hay quienes juegan calzados. Otros se mantienen descalzos.

Los equipos se conforman de acuerdo a la cantidad de jugadores disponibles: puede verse lo mismo un tres contra tres que un nueve contra nueve. Naturalmente, en tan espontáneos partidos, los árbitros no importan demasiado. Las normas se “flexibilizan” a discreción de los propios “futbolistas” o de los vecinos que presencian el choque amistoso.

Para la mayoría de los jóvenes en la isla, el fútbol se ha convertido en el verdadero deporte nacional, aunque oficialmente el título lo ostente el béisbol. Viven y padecen frente a sus televisores; encarnan a sus héroes en juegos digitales,, estampan a sus futbolistas preferidos en sus camisetas y, a veces,  llegan a tatuarse la piel con la cara de Ronaldo o Messi.

El balón desinflado también sirve.
La ventana de una casa, si hay imaginación, puede ser el arco, la portería, la valla, de la final del Mundial
Gol.
Pisarla, amasarla, tenerla: el momento de reflexión, la paz antes del ataque.
Irla a buscar adentro: lo que nadie quiere en el fútbol, ni profesional ni amateur.
El fútbol da revancha, comienza de nuevo el juego.
La pelota llega mansa. A tomarla e ir por el contragolpe.
Aunque el fútbol sea un deporte colectivo, a cada instante surge el interrogante: ¿cómo superar al rival?
El fútbol, como la vida, termina donde empezó.
Y vuelve a empezar.
  • El balón desinflado también sirve.
  • La ventana de una casa, si hay imaginación, puede ser el arco, la portería, la valla, de la final del Mundial
  • Gol.
  • Pisarla, amasarla, tenerla: el momento de reflexión, la paz antes del ataque.
  • Irla a buscar adentro: lo que nadie quiere en el fútbol, ni profesional ni amateur.
  • El fútbol da revancha, comienza de nuevo el juego.
  • La pelota llega mansa. A tomarla e ir por el contragolpe.
  • Aunque el fútbol sea un deporte colectivo, a cada instante surge el interrogante: ¿cómo superar al rival?
  • El fútbol, como la vida, termina donde empezó.
  • Y vuelve a empezar.
  • El balón desinflado también sirve.

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  • La ventana de una casa, si hay imaginación, puede ser el arco, la portería, la valla, de la final del Mundial

  • Gol.

  • Pisarla, amasarla, tenerla: el momento de reflexión, la paz antes del ataque.

  • Irla a buscar adentro: lo que nadie quiere en el fútbol, ni profesional ni amateur.

  • El fútbol da revancha, comienza de nuevo el juego.

  • La pelota llega mansa. A tomarla e ir por el contragolpe.

  • Aunque el fútbol sea un deporte colectivo, a cada instante surge el interrogante: ¿cómo superar al rival?

  • El fútbol, como la vida, termina donde empezó.

  • Y vuelve a empezar.

  • El balón desinflado también sirve.
  • La ventana de una casa, si hay imaginación, puede ser el arco, la portería, la valla, de la final del Mundial
  • Gol.
  • Pisarla, amasarla, tenerla: el momento de reflexión, la paz antes del ataque.
  • Irla a buscar adentro: lo que nadie quiere en el fútbol, ni profesional ni amateur.
  • El fútbol da revancha, comienza de nuevo el juego.
  • La pelota llega mansa. A tomarla e ir por el contragolpe.
  • Aunque el fútbol sea un deporte colectivo, a cada instante surge el interrogante: ¿cómo superar al rival?
  • El fútbol, como la vida, termina donde empezó.
  • Y vuelve a empezar.

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Yariel Valdés

Yariel Valdés

Nació en 1990, cuando un largo período de escasez se apoderaba de Cuba. La fotografía lo descubrió cuando se hacía periodista, unos años atrás. A cada instante hace fotos con su mente, como una Nikon humana. "Congelar" ese segundo que no volverá, es una de sus pasiones. Eso lo ha llevado a conocer historias increíbles. Fanático de Adele y del vino blanco, sueña algún día viajar por el mundo con su cámara al hombro.

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