El desafío LGBTI+


El 28 de junio en varios países se celebra el “Día del orgullo gay”. En Cuba habrá —como mucho— una que otra reunión convocada por alguna embajada.

En el país las actividades oficiales de la comunidad  LGBTIQ se celebran alrededor del 17 de mayo y es lo más parecido a una protesta que hay en la isla. Institucionalizar el “Día del orgullo gay” equivaldría a reconocer la capacidad de grupos de la sociedad civil para pelear por sus derechos. Y eso sería ponerle comején al piano.

La comunidad de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, intersex y queer enfrenta a un andamiaje político y gubernamental anclado a un patrón binario donde el falo ha sido un factor determinante en la toma de decisiones.

Tremenda Nota

analiza

el contexto LGBTI+

en la isla.

1.- La fobia institucionalizada: “vivita y coleando”.    

En 2012, cuando murió la legendaria cantautora de la Revolución Cubana Sara González, la prensa oficial se refirió a Diana Balboa como “su compañera”. Se trataba de la voz más vibrante en las tribunas abiertas, si no, Diana no hubiese aparecido ni en la foto sin publicar de los archivos.  

En julio de 2016, el cineasta cubano Lester Hamlet reconoció en televisión su condición homosexual. Fue la primera vez que una persona mencionó públicamente su homosexualidad en los medios. Sin embargo, el día del atentado en el club de Orlando, en Florida, las emisiones dominicales del Noticiero Nacional de Televisión ¿olvidaron? mencionar las características del lugar: un sitio nocturno frecuentado por la población gay. Los locutores y presentadores del Sistema Informativo todavía engolan la voz de acuerdo al canon masculino.

En 2017, 256 miembros de la comunidad LGBTIQ solicitaron asilo por esa causa en Holanda, según informó el Servicio de Inmigración y Naturalización del Ministerio de Justicia y Seguridad de ese país. Este mes, un grupo amplio se encuentra varado en Ámsterdam como consecuencia —argumentan— de la discriminación en el ámbito laboral, el difícil acceso a la vivienda y el acoso de los organismos de inteligencia en la Isla, por intentar agruparse en organizaciones independientes.

En el carné de identidad se exige a las personas transexuales una fotografía en correspondencia con sus genitales externos, y en la inscripción se establece el nombre de nacimiento, a pesar de la novedosa tecnología empleada, la cual cuenta con procedimientos biométricos digitales.

Durante el último Censo de Población y Viviendas, en 2012, las familias homoparentales no fueron contabilizadas. Con ese gesto el Estado negó la existencia de todas las parejas homosexuales de la Isla.  

Según la Oficina Nacional de Estadística e Información, en Cuba 8 de cada 10 personas con VIH/Sida son hombres, casi siempre gais o bisexuales, pero en los medios estatales la mayoría de las campañas de promoción de salud están dirigidas a la población heterosexual.

En la actualidad  los criminales homófobos que golpearon por odio al joven gay José Enrique Besada, en la ciudad de Morón, el pasado noviembre, quedaron eximidos de su responsabilidad penal, no están sujetos a ningún proceso penal,  luego de pagar una multa de mil pesos cubanos (poco más de 40 dólares), según denunció recientemente la víctima en su perfil de Facebook.  

Las redadas de la policía contra la comunidad sexo-género diversa no cesan en los sitios de encuentro. El respeto a la diversidad sexual  no ha sido integrado al discurso público. Gritarle a alguien “maricón” o “tortillera” es todavía comúnmente aplaudido en las escuelas y en centros de trabajo, por no hablar de las instituciones militares o los centros deportivos.

A estas alturas seguimos siendo, como en casi todos los asuntos  relacionados con derechos civiles y sociales, una nación estancada con algún maquillaje color esperanza.

2.- Activismo LGTBIQ y la supremacía de la hetero-norma estatal

La lucha por el reconocimiento y la inclusión de las personas con sexualidades al margen de la regla heterosexual es, o al menos debería ser en Cuba, la batalla por alcanzar mecanismos democráticos inclusivos. Los mismos que permitan a la ciudadanía reflejar sus demandas y a los políticos el valor de respaldarlas  o contradecirlas de forma pública, sin necesidad de pedir permiso.

Y esto deberían ampararlo también quienes defienden a trocha y mocha un sistema equitativo, pero callan cínicamente frente a esta causa. No hay derechos humanos superiores a otros. Las cubanas y los cubanos no podemos ni queremos conformarnos con un grupo de ellos, que hoy sobreviven más en la soberbia del discurso, que en la práctica fluctuante de la sociedad misma.

La hegemonía de la heteronormatividad en los medios, en las escuelas y en las instituciones gubernamentales ejerce la fuerza, escurrida entre alegatos de moralidad y normalidad, bajo una falsa idea de consenso en torno a un único tipo de familia socialista como reguladora de la unidad nacional.   

Tanto así que cuando en otros países los movimientos LGBTIQ se han estructurado al interior de la sociedad para después salir a pelear e incluso morir por mayores derechos;  en Cuba el asunto ha cobrado forma de arriba hacia abajo, mediante el trabajo del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), desde una institución estatal hacia los colectivos sociales, porque desde arriba siempre es más fácil autorregular los procesos.

Para Isbel Díaz Torres, activista e integrante de la plataforma independiente AcciónLGTBIQva, “aún no es posible hablar de un movimiento consolidado en la Isla. Los pequeños colectivos permanecen desconectados entre sí, sorteando la difícil tarea de funcionar al margen de la legalidad, sin acceso a fuentes de financiamiento o información, a la espera de algún cambio empujado por instituciones estatales como el Cenesex”.

A esa institución, dirigida por Mariela Castro Espín, debe reconocérsele su capacidad de convocatoria y su intención de proveer de un trasfondo científico su esfuerzo. Gracias al Cenesex, numerosas personas transexuales han logrado una reasignación de su genitales, mediante operaciones quirúrgicas gratuitas. Se agregan la labor en la prevención del VIH/Sida, las campañas de sensibilización, y los intentos porque el asunto trascienda a la palestra pública.

 3.- Reformas urgentes o leyes que nunca llegan.

Hoy varios activistas se concentran en la aspiración de alcanzar una ley de matrimonio igualitario. Y aunque ese debate a la larga nos ubica dentro del mismo esquema de dominación y sometimiento de la monogamia patriarcal, en las condiciones de Cuba la demanda resulta estratégica, por cuanto significa obtener de la Constitución Socialista un derecho civil reservado solamente a la familia heterosexual, la única con el beneficio de garantizarles a otros el acceso al patrimonio y la herencia material.

En reciente conferencia de prensa, a propósito de la XI Jornada,  Manuel Vázquez Seijido, subdirector del Cenesex, comunicó que existen varias propuestas concretas que podrían ser presentadas en julio venidero a la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento) por Mariela Castro, “como diputada, con iniciativa legislativa”, a la vez que otras se harían por la vía del Ministerio de Salud Pública.

Para que los cambios sean verdaderamente significativos —explica a TN el abogado Rainer Pérez Castillo, especialista en materia laboral y de familia— deberán incluir el precepto de no discriminación por orientación sexual e identidad de género en el artículo 41 y 42 de la actual Constitución.  

“Sería necesaria la modificación parcial de la Carta Magna, lo cual pueden lograr las dos  terceras partes de los representantes de la Asamblea Nacional. También debería eliminarse o transformarse el concepto de matrimonio (artículo 36). De lograrse, el resto de las normas de rango legislativo podrían armonizarse de manera inmediata, mediante las disposiciones especiales de la reforma parcial de la Constitución. Es el caso del Código de la Familia (Ley No. 1289 de 1975), la Ley No. 51 del Registro del Estado Civil, y el Decreto Ley 76 sobre Adopción”.

Hace falta además el reconocimiento de crímenes de odio en el Código Penal —tanto como una ley sobre el feminicidio—, y la sanción efectiva a cualquier acto de discriminación. Es imprescindible un cuerpo jurídico para proteger en el ámbito familiar a infantes y adolescentes con comportamientos no heteronormativos, así como el  resguardo a niños y niñas intersexuales, a quienes se les otorga un sexo biológico al nacer, no siempre en correspondencia con su identidad de género.

En el ámbito escolar, frente al acoso y otras formas de violencia, es necesario “estudiar las causas por las cuales las personas con sexualidades y géneros no heteronormativos abandonan los estudios en edades tempranas, y diseñar a partir de dichos resultados una estrategia efectiva para su reinserción al sistema educativo, contemplando las acciones afirmativas necesarias” —exhortó en marzo el joven Yadiel Cepero en una Carta Abierta a la Federación Estudiantil Universitaria.  

Marcha del orgullo LGBTI+ (Yariel Valdés)

De otras cuestiones prácticamente ni se habla todavía. Es el caso de las uniones poli-amorosas, de la inaccesibilidad de las mujeres lesbianas a las técnicas de inseminación artificial, y del derecho a la maternidad y la paternidad independiente, de quienes se asumen públicamente homosexuales.

Mayo tendrá que ser, en lo adelante, una ocasión para patentizar la intención del gobierno cubano de avanzar en la elaboración de mecanismos inclusivos. Habrá que asumir, de una vez, que el género, lejos de ser una esencia  natural, es una construcción cultural , capaz de violentar a las personas y ubicarlas en sus propios márgenes, como ha señalado la filósofa Judith Butler. “El cuerpo biológico socialmente forjado —diría Bourdieu— es así un cuerpo politizado, una política incorporada”.

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Rafael Gordo

Rafael Gordo

Periodista freelancer. Es de un pueblo de Cuba donde lo irracional se torna realidad bendita. Añora masticar la caña subido a un vagón ferroviario. Nunca ha visto un juego de pelota entero. Y no se cree ya ningún cuento mal contado. Cinco años después, comprendió que había cometido el peor error de su vida. Pero como no le queda otra opción, aún continúa escribiendo.

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