Mi hijo es gay ¿y qué?


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Un grupo de madres  de personas LGBTI+ también salieron del closet. Se organizaron en Placetas, en el centro de Cuba, cansadas de la discriminación que sufren sus hijos e hijas. (Read in English)

En 2014, Rosa Ramírez  y Teresa Lourdes González, una ama de casa, la otra pediatra, decidieron fundar en Placetas el único grupo cubano de Madres contra la Homofobia y la Transfobia (MCHT). Tomaron como referencia la organización argentina Madres de la Plaza de Mayo, y la coincidencia de dos celebraciones en el mes de mayo: el Día mundial de la lucha contra la Homofobia y el Día de las madres.

 

 

Las Madres de Plaza de Mayo en Argentina. Uno de los ejemplos que siguen las madres de la comunidad LGBTI+ en Cuba.

“Conversando una tarde —cuenta el activista Rafael Suri, hijo de Teresa Lourdes— mi madre me dijo que no podíamos conformarnos con sumar a las personas LGBTI+ a nuestras campañas, sino que debíamos buscar otro grupo distinto que apoyara, y ¿qué mejor apoyo que el de la familia?” Esa vez, ambos pensaron que si aquellas madres sensibilizadas contra la discriminación exponían sus experiencias positivas con sus hijos e hijas iban a contribuir a la lucha por los derechos de la comunidad LGBTI+.

Rosa Ramírez pasa de 50 años, tiene tres hijos y hasta hace menos de un lustro era víctima de un marido golpeador. Ella y Malú siempre han vivido en  Placetas, una ciudad con menos de 40 mil habitantes en la provincia de Villa Clara. Rosa habla como la gente sencilla: no se escurre entre sinónimos ni oraciones compuestas.

Un Sagrado Corazón de Jesús gigantesco cuelga en la pared desconchada de la casa. Abajo está sentada Malú. “Mi hija”: la presenta Rosa. Malú tiene las uñas larguísimas, pintadas con diferentes colores: rosadas, blancas, marrón. Unos aretes blancos le cuelgan hasta la mitad del cuello. Cruza las piernas, con delicadeza. Aunque ya no le ajuste, todavía en su carnet se lee el nombre original: Yosvany. Malú nació en 1991, y vivió con aquel nombre, hasta que, en la adolescencia, asumió su identidad como mujer.  

 

Las madres marchando

Rosa intuyó muy temprano que el menor de sus tres hijos era “diferente”, recuerda. Lo encontraba siempre hurgando entre sus creyones y vestidos. Lo hallaba una y otra vez luciendo labios y ojos pintados, con trazos inexactos. Las toallas en la cabeza le alargaban el pelo. A sus cinco años Yosvany solo sabía que no estaba conforme con su físico. Rosa sospechaba, pero no lo limitó. Le dejó ser. “Ella es mi vida, yo me siento orgullosa y no quiero que cambie. Ella es Malú”.

Casos testigo

Hace un año, Rosa narró sus vivencias como madre de una mujer trans en una sala del gobierno municipal de Placetas, durante la X Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia. Estuvo sentada frente a Mariela Castro Espín, la hija del Primer Secretario del PCC, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) de Cuba.

Ese día Castro Espín exaltó la iniciativa de las madres placeteñas y reconoció que “las personas dialogando pueden mejorar un montón de situaciones contradictorias”. El Gobierno municipal había prestado una locación para las actividades del grupo de MCHT. El gesto se explicaba más por el rango de Mariela Castro que por solidaridad con las personas LGBTI+. Todavía en 2018, el Museo Municipal de Placetas cuestionaba si resulta “adecuado” exponer una muestra fotográfica sobre la vida gay en comunidades rurales.

El origen

El encuentro entre las madres fue fortuito hace cuatro años. La decisión, casi desesperada. Teresa, la pediatra, se encontraba con Rosa, que lloraba desconsolada en el hospital de Placetas. La dirección del Hospital no acogió  a Malú —una mujer trans, que naturalmente vestía saya y no pantalón— a pesar de sus estudios de enfermería. La trasladaron para Santa Clara. Rosa sospechó que su hija sería más infeliz lejos de la casa. Malú no aceptó irse y dejar a su madre al amparo de un marido abusivo. Malú terminó por abandonar la enfermería.

Son frecuentes los casos donde las madres no aceptan ni apoyan a sus hijos y hasta los echan de sus casas. Al principio, el grupo de MCHT era una prueba; no confiaban en que duraría tanto, pero sacaron a relucir historias tan duras que el proyecto consiguió afincarse. La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) prestó un local, y ese ha sido su puesto de mando. “Se dice ‘Madresʼ, pero puede ser cualquier familiar. La discriminación en la familia es la más difícil de soportar”, acota Rosa.

Hay encuentros en los que se suma alguna más, pero la cifra no llega a la decena. La población LGBTI+ en la ciudad de Placetas, según investigaciones no oficiales (ningún registro en Cuba analiza estas cifras) suma más de 300 personas. Las madres se ponen de acuerdo a través de citas. Unas acuden, otras no. El grupo insiste, no se cansa. Dicen que su próximo objetivo será sumar a los padres, la parte de la familia que parece infranqueable puertas adentro.

“Hay madres que saben de nuestra existencia y no quieren asistir; hay otras que dicen que van y terminan por no ir. Aunque no ha faltado promoción, somos pocas las que salimos a dar la cara públicamente”, comenta Rosa.

Rafael, el treintañero hijo de Teresa,  máster en Desarrollo Comunitario, es más optimista. Dice que las cifras han fluctuado, pero todas las madres que asisten se enriquecen con las experiencias compartidas. Hacia el interior de varias familias se han conseguido cambios, o al menos, estas reuniones han hecho que mucha gente reflexione sobre sus actitudes hacia las personas LGBTI+.  

A Rafael, su padre le dejó de hablar cuando tenía 12 años. La última vez que se encontraron fue en un hospital. Había pasado más de una década y tampoco se hablaron. Rafael le vio morir sin cambiar. Sin embargo, en su abuelo —un hombre muy bruto, que acostumbraba a burlarse de las personas gais y trans— si llegó a ver el cambio de mentalidad. Cuando Rafael tenía 12 años, su familia supo que era gay de casualidad, porque encontraron una foto dedicada. Eso desató un caos en su casa. Su abuelo se había mostrado violento en el momento de la noticia y desde esa vez impuso sus límites.

En 2008, los preparativos para la Jornada contra la Homofobia y la Transfobia se realizaban en casa de Rafael. Las personas llegaban solo hasta el portal, llamaban o chiflaban. El abuelo descubrió que sus límites entorpecían el trabajo de su nieto. Entonces cedió, comenzó a colaborar discretamente. Terminó por ser el rotulista de los carteles que utilizaban en las marchas por el orgullo gay. Cuando Teresa, la pediatra, recuerda a su padre, llora, y concluye: “Si él lo entendió, cualquiera puede”.

En red

La Casa de Orientación a la Mujer y la Familia en Placetas adoptó a estas mujeres como colaboradoras. Ahora les pasa casos al grupo de MCHT para que ellas les den curso, o al menos intervengan, dialoguen.

Rosa y Teresa son las únicas cubanas que forman parte de la Red Latinoamericana de Madres contra la Homofobia y la Transfobia, un movimiento que surgió hace dos años en Perú. Ellas aseguran que cuentan con un espacio semanal en la radio de la ciudad, donde tratan algunos contenidos de interés, pero todavía no tienen todo el apoyo que necesitan.

Rosa y Teresa no son psicólogas que apostaron al activismo por los derechos de una minoría. Su triunfo ante la sociedad fue gritar: “Mi hijo es gay, ¿y qué?”.

Rosa, desde una calle polvorienta de Placetas, casi al final de la ciudad —donde no quedan aceras—, con las manos arrugadas en un puño asegura con énfasis: “por encima de mi matrimonio, estaba mi hija. Por encima de la humanidad, está mi hija”.

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Mayli Estevez

Mayli Estevez

Nació en 1986, el año en que Maradona levantaba en el Estadio Azteca la Copa Mundial de Fútbol para Argentina y cuando por última vez se avistaba en la órbita de la Tierra el cometa Halley. No sé si me suceda como a Mark Twain, pero el 2061es un buen año para morir,  solo por imitarlo. Periodista titulada, deportista frustrada. La opción que me quedó fue hacer el coctel de periodista deportiva.

Comments (1)

  • Barbara Ruiz

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    Mis reconocimientos a esta periodista que nos deja conocer ,que suceden cosas tan positivas como estas en un pueblito de Cuba.
    Saludos y Gracias.
    Me gustó mucho este trabajo

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