Lejos de la capital


En este número, Tremenda Nota se aleja de La Habana y del resto de las urbes cubanas. Se sube a una carreta, se pone un sombrero que protege de los rayos inclementes del sol, se viste con un traje campesino y atraviesa las guardarrayas.

Da lo mismo si vamos a Carmita, el batey de un antiguo central venido a menos; a Guaracabuya, una remota comunidad que —dicen— marca el centro matemático de Cuba; o a Viñales, un vistoso pueblo anegado de turistas. Estamos en el campo.

Esta vez proponemos un mapa —geográfico y espiritual— de la ruralidad en Cuba. Claro: de antemano advertimos que será un plano incompleto, incapaz de testimoniar las formas inagotables de vida, goce, trabajo, tradiciones y folclor del campo cubano.

Según datos del Censo de Población y Viviendas Cuba 2012, uno de cada cuatro cuban@s vive en zonas rurales. La cifra, comparada con datos de las encuestas anteriores, denota la ligera, pero indetenible disminución de la población rural cubana. (En una década, desde 2002 hasta 2012, por lo menos un 1 % de las personas que vivían en el campo murieron y/o se mudaron a la ciudad).

Y, a pesar de que somos menos en el campo que en la ciudad, todas las experiencias disímiles y todas las historias del guajiro que habita en sierras o llanuras, son imposibles de captar en un manojo de textos y fotos. En Tremenda Nota, esta vez, anhelamos abrir una ventana a la zona más profunda del país, al corazón de la tierra.

Y advertimos: campo y campesinos no solo significan agricultura, paisajes naturales, adversas condiciones de vida (y a veces, también, mejores). En el campo, los guajiros han producido mitos y fantasías que pertenecen al patrimonio inmaterial de la nación: güijes, madres de agua, aparecidos, ahorcados y animales fantásticos existen gracias a la imaginería sorprendente de los guajiros.

En el campo, también, hay una filosofía de vida apegada a la naturaleza. Y, también, quién lo duda, hay arte: popular, naif, primitivo, brut. En la década del 60 del pasado siglo el escritor y folclorista cubano Samuel Feijóo descubrió a pintores y dibujantes populares en las zonas rurales del centro de Cuba. Feijóo halló a cientos de artistas sui géneris que concebían mundos pictóricos intrínsecamente ligados a sus circunstancias inmediatas: la ruralidad. E incluso, a través de sus obras algunos negaban esas propias circunstancias y escapaban del campo.

Por supuesto, las zonas rurales de Cuba tampoco se reducen a una construcción idílica y bucólica. Entre los campesinos también encontraremos soledad, escasa fuente de empleo, trabajos arduos de sol a sol, migración forzada por las difíciles condiciones de vida y, a veces, tradiciones salvajes que nos remontan a los primeros siglos de la colonización española o aun al medievo.

Sea como sea, este 19 de abril de 2018, cuando la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba decide poner en funciones a un nuevo Presidente del país, nosotros preferimos explorar el campo, “donde se reparte la sangre”, como creía Martí.

Y al campo, esa primigenia zona de nuestra nación, volveremos muchas veces.

Redacción

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La nueva revolución periodística

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