Ningún gallo nace para matar


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La lidia o pelea de gallos en Cuba está avalada por la ley y las apuestas del juego están reguladas por Flora y Fauna: una entidad que, paradójicamente, fue creada para la protección de los animales. La lidia es defendida por sus seguidores como una tradición inocente pero no deja de ser un juego medieval, donde un animal termina muriendo para la diversión humana.

 

Año 2018, pleno siglo XXI. 300 kilómetros al Este de la Habana. San Antonio de las Vueltas, en la provincia de Villa Clara, también conocido como Vueltas, a secas, es un pueblo pequeño cuya suerte —dicen los oriundos—es que el II Secretario del Partido Comunista de Cuba, José Ramón Machado Ventura, es de ahí. Con una parranda en decadencia, al pueblecito todavía le quedan dos señoríos: las cosechas de ajo y, sobre todo, las lidias -o peleas- de gallos.

En “el club” del pueblo está la valla estatal, así se les dice a los “estadios” de las lidias, pero en la estatal casi nadie pelea, las apuestas millonarias se hacen en la clandestinidad, en la decena de vallas ilegales que hay por ahí. Un gallero, de cuyo nombre pide no acordarme porque teme que la policía no tenga más remedio que ir a pillarlo, las sabe ubicar.

Naturalmente los gallos no son agresivos, reciben entrenamiento especial para la diversión humana (Foto: Yariel Valdés)

Se pierde en el polvo la forma de los gallos. Por unos segundos nadie sabe quién domina a quién. Los dueños de los gallos gritan, también los apostadores agitando en la mano los fajos de billetes. “Pendejo”, le gritan al gallo que se rehúsa a pelear. El animal no entiende qué quieren de él. Como si se preguntara “¿Qué es esto?”. El otro actúa por repetición. Cuando el polvo acaba por despejarse, lo que queda de un gallo, está agonizando a un costado de la valla, intenta levantarse, y sientes que te mira.

“Los gallos dan mucho dinero, si no dieran, nadie los criaría”, dice, y sonríe el gallero anónimo. Tiene más de 60 años de experiencia, 77 de vida, en estas peleas extraoficiales. Algunas dan 500 pesos con el gallo espoleado, otras dan 1000, y no miran si ganas o pierdes: 1000 para cada gallero. El club estatal no, el club no da nada. Las vallas más grandes dan más premios. La semana pasada, dieron al primer premio, una cadena de oro, valorada en 400 dólares, el segundo premio fue un refrigerador, y al tercero, un equipo de música. Otros, eligen cinco personas al azar en el público, y les premian con dinero. Es una propaganda para incentivar, pero mueven tantas cantidades de dinero, que les acomoda.

Las espuelas de Carey (Foto: Yariel Valdés)

Este criador perdió todos sus dientes pero tiene a su alrededor más de cien gallos finos. El camino que conduce a su casa de madera es pura tierra y piedras. No hay donde sentarse, cada metro cuadrado de su patio está cubierto por jaulas que tienen dentro a un gallo cada una. “Ayer me mataron en la valla privada a dos animales. Uno de esos gallos ya había matado a tres antes, y mira qué mala suerte. Pero eso es lo más difícil de la cría, que gane dos o tres peleas seguidas”.

— ¿Cuántos peleó ayer?

—Seis.

Estas vallas ilegales no debieran existir, al menos no fuera del control de Alcona S.A, una entidad perteneciente al Ministerio de la Agricultura en Cuba, y que paradójicamente tiene vínculos con la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna. Alcona no solo supervisa las vallas legales, si no que exporta las crías de lidia, a países como República Dominicana, Ecuador o México. Las vende así: “Aves de combate de notoria agresividad y valor ante sus rivales”. Si el comprador se convence, puede desembolsar hasta 250 dólares por ejemplar. La cría y la lidia son legales, lo “perseguido”, es la apuesta.

Orígenes

A finales del siglo XVIII, se publicó en Cuba, el primer texto que hace referencia directa a las peleas de gallos, sobre todo en las zonas rurales. El reconocido intelectual de la época, Cirilo Villaverde, en su relato corto El Guajiro tachó la tradición de “un apagado reflejo de los torneos de la Edad Media”. Abundó en la comparación con un circo romano, y argumentó “el mismo palenque, semejantes ordenanzas, y los mismos desafíos o retos preceden a las riñas de gallos en las vallas”. No fue el único que aquello le pareció un barbarismo. En los primeros años de la República, Máximo Gómez arremetería contra ese juego, calificándolo como un “espectáculo sangriento”, y “ajeno a la cultura moderna”.

El momento del pesaje (Foto: Yariel Valdés)

Era la moda. A inicios de la República se pretendió refundar los valores del pueblo cubano, y con la presencia norteamericana—negada a cualquier vínculo que recordara a España—las peleas de gallos y corridas de toros, fueron prohibidas de tajo. Fue José Miguel Gómez, gobernador civil de Santa Clara por ese entonces, quien dijo que el “espectáculo no era conveniente” e impulsó el decreto. También fue José Miguel Gómez, quien nueve años después, y siendo presidente de la República, legalizaría nuevamente la lidia de gallos en la Isla. Por voluntad propia. Al gobernador le gustaba el juego.

En 1959, sucedería algo similar. El objetivo era el mismo, refundar los valores y evitar los focos de corrupción en torno al juego, como son las apuestas, el alcohol, la prostitución y la violencia. No era algo que los rebeldes desconocieran tampoco. En Birán, en la finca de la familia Castro-Ruz, uno de los principales atractivos que muestra el actual museo, es el coliseo de las peleas de gallos. Y fue un Comandante de la Revolución, Guillermo García Frías, quien fundó el primer criadero legal de gallos finos, en Finca Alcona, por el año 1993. Así se volvieron a admitir las lidias en un escenario vigilado por la policía y con coto a las apuestas. Actualmente hay más de 53 mil cubanos asociados a este club de lidia.

Las “vallas”: el estadio en el que combaten los gallos. (Foto: Yariel Valdés)

La resolución 255, del año 2001, del Ministerio de la Agricultura en Cuba, las avala. Dado que es “una actividad con fundamento en la tradición cubana” y porque hay alta demanda de los gallos cubanos en el mercado internacional. Además del gusto personal de los personajes con poder, se le suma la tradición, y que es un renglón exportable. Hasta este minuto todos han pensado en los gallos, como un negocio redondo.

Los que van a morir

El tiempo de amarrar el gallo es entre septiembre y octubre. Los desbarban, se les corta la cresta, la barba, las orejas y las plumas de la parte inferior y el pescuezo. Cuando se sanan, los tusan por abajo, y esperan que vuelva a sanar. “Le vas dando el tiempo. Y después pal´ topón”, dice el gallero. “Topón” es el gallo que no gustó para pelear, y que servirá de saco de boxeo para el elegido. El topón parte en desventaja. Le cierran el pico con una manguera y lo tiran una y otra vez, hasta que el otro ejemplar, cumpla el objetivo: lo mate.

El día de la pelea, llevan el gallo en su funda, a veces de cuero, otras, simplemente de tela. Se pesa y se casa—se le busca pareja—con otro de similar peso y condición física. Peleas, la cantidad de gallos que puedas casar. Al gallo se le da, la que pudiera ser la última cena, algo de plátano maduro. Se espuela, el ritual antes del duelo. Para hacer más daño al rival, las espuelas serán de carey, una tortuga que está en peligro crítico de extinción. En el mercado negro, exhiben estas espuelas de carey como “de primera”, porque están “elaboradas del caparazón, pero de la parte central”, dicen los carteles y presumen los vendedores. Habrá otras espuelas hechas a base de la garra de la tortuga, nunca mayores de 23 milímetros.

“Antiguamente el carey estaba prohibido. La que se utilizaba en Cuba, era la de gallo, la natural. Había animales que se criaban solo para que produjera las espuelas, que nunca usaría luego. Se las quitaban y se las ponían al peleador. Ahora las de gallos no te las deja poner nadie, porque dicen que admite unturas, vaya, que es más fácil hacer trampas con ellas, ahora todos usan carey”, cuenta el voltense. Va por su caja de espuelas, entra a su casa, y le toma unos minutos. Se le escucha conversar adentro. Le quedan pocas espuelas en la caja, una docena. El carey es un material hermoso, pero no se lo digo.

“A veces se rompen las espuelas. Si sucede en medio de la pelea, vas en desventaja. Puedes levantar el gallo, y llevártelo, si crees que es un buen ejemplar, y no lo quieres perder por ese fallo, o sino nada, dejas que todo termine”. Si vive y gana la pelea, descansará 10 días si es en invierno, y 13 si es en verano. No es una norma estricta, cada gallero tiene su estrategia para cuidar a su gallo.

Ningún gallo nace para matar

Pelean por comida, por marcar territorio o por reproducirse, pero no son agresivos por naturaleza. Les entrenan para ello. María Gloria Vidal Rivalta, presidenta de la Comisión Nacional de Bienestar Animal del Consejo Científico Veterinario de Cuba, dijo a la revista Juventud Técnica que: “los animales, sin distinción de especies, no deben ser obligados a enfrentarse entre sí”. Para la especialista, el ser humano se cree el ser más importante del mundo y piensa que tiene derecho de hacerlos pelear para su entretenimiento pero que ese acto demuestra poca sensibilidad y falta de humanidad: “ni como veterinaria ni como persona puedo concebir que eso sea correcto “.

Ese Consejo Científico, junto a la organización no gubernamental, ANIPLANT, llevan desde 1988, presentando proyectos de ley para la protección animal. Hasta el día de hoy, nada han conseguido. Cuba no posee ninguna ley al respecto, la más cercana es la Nro 81 que habla del Medio Ambiente, y de cuidar la diversidad biológica. Las regulaciones de la lidia de gallos, se centran en el juego, no en el animal.

Dos gallos en plena acción (Foto: Yariel Valdés)

En la misma cuerda, la policía evita los enfrentamientos directos contra las lidias clandestinas. Según datos que publicó la revista Juventud Técnica, en todo 2015, la comisión disciplinaria de Finca Alcona, solo tramitó tres denuncias por apuestas. Mientras el mayor de la Policía Nacional Revolucionaria, Ángel Brasero, decía a la misma publicación, que está orientado no intervenir mientras sucede la lidia porque los individuos suelen estar bebidos y con armas blancas: “tratamos de ir cuando no hay nadie”, dice el oficial. Lo más usual es abrir un expediente como medida preventiva. Si el escándalo es notorio, se decomisan los gallos, y se entregan a Alcona (para su posterior venta si es valioso), sino se le devolverán luego a sus dueños.

El fraude dentro del fraude

La gente se va encontrando por el camino, cerca de las 10 de la mañana. Todos ya se han visto un centenar de veces. Siempre son los mismos. Alguna que otra vez traen a una o dos mujeres, para variar. Pero es asunto de hombres. Las vallas ilegales no son los coliseos de Flora y Fauna, pero se corre más dinero. Como en las estatales, habrá comida, bebida y apuestas. También se jugará a las cartas, otro juego, que según los galleros, atrae más beneficios, o más deudas. En un ambiente como este, sabes que nada puede acabar bien.

Pasado el mediodía, en las últimas peleas, se gritan todavía más improperios, se bebe alcohol, se apuesta en billetes de a cien. El último eslabón de la cadena evolutiva, a esa hora, es un simio más. Unos son toda adrenalina y presión alta. Otros no pueden estar más asqueados del espectáculo medieval. Unos se irán a casa con 5 mil pesos en el bolsillo y un gallo mal herido en la bolsa. Otros se irán con 5 mil pesos menos, y la torpe concepción, ludópata, de que en tres días puede recuperarlos. El gallo perdedor queda allí, en medio del monte. Se hablará de trampas. Es el fraude dentro del fraude.

“Ahora lo que más se usa es el “succinil”, un anestésico empleado para las cirugías. Tiene que ser en polvo, porque el líquido, contiene solo un 3%. Hay que estar en complot con el anestesiólogo, le llevas el polvo, y él te lo rebaja al por ciento que prefieras, pero si es al 100% mejor”. En la espuela, en la punta, pasas una lija bien fina—esos no son muchos los que lo saben—y coges citospray, el líquido que le untan a los cristales usados en la prueba vaginal. Pasas la espuela por el citospray, lo dejas en un minuto, llegas al succinil y haces la misma operación. Dos veces. Cuando seque un poco, le das un poco de lija. Y mira, de eso no se da cuenta nadie en el mundo que lo tiene untado”, explica el gallero anónimo.

“El succinil no lo mata”, alerta. “Pero le quita la fuerza en las articulaciones, es como si tú lo agarraras por la cola”. Este hombre no es médico. Dice el Ministerio de Salud de CUba que la succinilcolina es un bloqueador neuromuscular. Que produce parálisis de los músculos esqueléticos. Al usarlo en grandes concentraciones en el animal, la muerte sobreviene por una lenta sofocación. Sigue consciente, asfixiándose*.

Este gallero reconoce que hay más trampas, usadas contra el peleador en la noche previa a su pelea, o en las horas del pesaje. “Se usa amarrarles la boca, para que no le echen nada, pero el gallo cuando tiene algo que le pica, o lo quema, aunque tenga el pico amarrado, consigue arrascarse y tragará la sustancia”. El gallo terminará haciéndose daño, inconscientemente.

La doctora Vidal Rivalta, decía en la misma entrevista a Juventud Técnica, que dentro de la ley de protección animal, que habían elevado al Ministerio de Agricultura, para que estos a su vez, la llevaran a discutir a la Asamblea, se proponía la prohibición de estas lidias entre animales, por considerarse incompatible con la dignidad de los mismos.

En la casa de este gallero de Vueltas, no hay espacio para nada. Hay demasiadas jaulas, demasiados gallos. Hay un vallín—como lo llama él—que servirá de escenario para los entrenamientos diarios. Dos o tres asistentes, quedan pendientes de lo que “el viejo” cuenta, con susto, como si con ello se les fuera la vida. Otros lo ignoran, y siguen llenando baldes con agua. El agua del balde dará de beber a la treintena de gallos que están al sol, cacareando, quizás por última vez.

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Mayli Estevez

Mayli Estevez

Nació en 1986, el año en que Maradona levantaba en el Estadio Azteca la Copa Mundial de Fútbol para Argentina y cuando por última vez se avistaba en la órbita de la Tierra el cometa Halley. No sé si me suceda como a Mark Twain, pero el 2061es un buen año para morir,  solo por imitarlo. Periodista titulada, deportista frustrada. La opción que me quedó fue hacer el coctel de periodista deportiva.

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