Viñales: much@s turistas y pocos maestr@s


 

Viñales atraviesa un éxodo masivo de profesionales del sector estatal hacia el privado, el déficit de maestros locales y la emigración de la ciudad hacia “el campo”. Este es un pueblo rural atípico en el país por su fuerte vínculo con el turismo y la visibilidad de negocios privados en sus calles.

Bordeada por un valle de singular belleza, Viñales es una comunidad rural ubicada a unas 200 kilómetros al suroeste de La Habana. Unas décadas atrás, antes de ser declarado paisaje cultural de la humanidad, antes de que The New York Times lo recomendara como uno de los sitios a visitar en 2016, y Business Insider lo sumara a sus destinos para este año, Viñales era una comunidad rural y eminentemente agrícola, con calles polvorientas y fachadas viejas, cubiertas de tejas rojas. En ese entonces, era un pueblo bendecido por su belleza natural, pero tan simple como cualquier otro.

A Cuba no ha llegado el Marketing: un puesto de malteadas se llama “El Repungnante”. (Foto: Claudia Padrón)

Si se camina por su calle principal, Salvador Cisneros se descubre hoy un poblado distinto. Cada par de metros puede leerse el nombre de una villa o alojamiento, se distinguen restaurantes, una plaza para artesanías, bares y discotecas: 130 establecimientos gastronómicos y 2 300 habitaciones de renta. Tras la reforma económica impulsada por el presidente Raúl Castro que permitió la apertura del sector cuentapropista, Viñales pasó de ser un caserío de campo a un hervidero de emprendimientos privados.

Hoy es también un pueblo de guajiros que han aprendido a comunicarse en inglés y en el que conversan con naturalidad sobre “marketing online y páginas para promocionarse”. En un país con una precaria conectividad a Internet, ellos han procurado buscar clientes en línea y venderse. Quizá por eso actualmente es la tercera localidad cubana- solo superada por La Habana y Trinidad- con mayor presencia en Airbnb. La compañía estadounidense registró más de 200 propiedades para alquilar en este territorio pinareño que durante los dos últimos años recibió a más de un millón de visitantes extranjeros, según datos del Ministerio de Turismo. La vida allí ya apenas se parece al pueblo que cultivaba tabaco y viandas para subsistir.

Muchos comercios y hostales: el mercado del turismo en pleno (Foto: Claudia Padrón).

“Vivimos en un lugar muy diferente hoy”- dice Emma Dueñas, de 73 años. Ella y su familia vieron en la flexibilización de la nueva administración hacia el sector privado, la posibilidad de mejorar sus ingresos. Con algunos ahorros habilitaron un dormitorio para rentar a extranjeros, y un año después pudieron invertir en un segundo cuarto. “El turismo es nuestro sustento, lo que nos permite vivir con las condiciones básicas” asegura la cuentapropista.

Todo cambió cuando comenzó a crecer la cantidad de visitantes. Entonces se transformó la vida de los pobladores.

¿Dónde están los maestros?

No pocos han decidido emigrar del sector estatal y sumarse a los beneficios económicos del turismo: Maykel, por ejemplo, a sus 40 años dejó el hospital donde trabajaba como neurocirujano para ser taxista. Belquis, ayer ingeniera civil, vende ahora sombreros y boinas verdes en la plaza, y Sofía, una vez que termine su servicio social, planea abandonar la pedagogía y dedicarse solamente al cuidado de las tres habitaciones que arrenda.
“No se puede demonizar al trabajo por cuenta propia como si fuera este sector quien nos deja sin maestros u otros profesionales, si no corrigen las condiciones laborales y los salarios, es inevitable que suceda”, explica la joven maestra.

A lo que todos quieren dedicarse en Viñales: gastronomía. (Foto: Claudia Padrón)

Las transformaciones económicas que vive la localidad ya trascienden el ámbito financiero y también están cambiando sus dinámicas sociales. El éxodo de profesionales o personal de la estatalidad hacia el privado ha sido en los últimos años un constante desvelo para las autoridades locales.

El sector de la educación, una de las principales cartas de presentación de del proyecto revolucionario, no escapa de esta fuga de personal. Para el presente curso escolar, con una matrícula que asciende los 91 mil estudiantes, Pinar del Río reportó un déficit de 347 profesores, según informó la Agencia Cubana de Noticias. En el mismo reporte se menciona como un caso peculiar, para el cual se diseñaron estrategias especiales, al municipio de Viñales.

A dos kilómetros del poblado, el gobierno municipal habilitó un albergue para hospedar el contingente de 36 maestros Adela Azcuy – la mayoría aún en formación- que se traslada desde otros municipios. De igual manera, desde La Palma, una localidad aledaña, llega cada día un recorrido con otro grupo de profesores. Entre estos suplen una parte de los vacíos en la educación primaria, secundaria y preuniversitaria de Viñales.

“Aquí casi nadie, si tiene otra oportunidad, quiere trabajar con el estado” es la respuesta de los pobladores cuando se les pregunta sobre el éxodo.

Los habitantes de la comunidad coinciden en que el déficit de educadores también ha sido de personal de apoyo en escuelas, médicos, trabajadores de comunales y así indistintamente en casi la totalidad de los servicios. Una tendencia a abandonar la estatalidad que se percibe en toda la isla y fue ampliamente debatida en las últimas sesiones del Parlamento Cubano. Pero más allá del debate parece casi imposible detener el éxodo en el actual contexto nacional. Varios expertos coinciden en que el éxito de la reforma de la empresa estatal socialista cubana depende, en gran medida, de la viabilidad del sector privado nacional.

Turistas en carreta. (Foto: Claudia Padrón)

En una economía como la cubana (de pequeña escala y con limitada diversidad productiva) que además ha entrado en recesión y tiene por delante la unificación monetaria, a juicio del profesor Richard E. Feinberg, investigador del Instituto Brookings y autor de Open for Business: Construyendo la Nueva Economía Cubana “no se puede dañar a propósito el sector de la economía que ofrece más oportunidades, empleo neto, ingresos a más de medio millón de familias. Además de considerables impuestos en un momento cuando el sector estatal se encuentra en una crisis financiera muy grave”.

No solo es el salario

Desde su experiencia como educador popular, el Doctor en Ciencias Históricas Ariel Dacal considera que Viñales es un avance de lo que comienza a suceder en toda Cuba y que puede agravarse cuando se descongelen las licencias del trabajo privado (pausadas desde agosto).

“En el caso específico de la educación podría pensarse en dedicar los mismos recursos que se emplean en hospedar los contingentes de maestros en Viñales o en la Habana- donde un alto por ciento de los profesores provienen del interior del país- en subir los salarios de los maestros locales”.

Dacal insiste en que además del tema económico uno de los factores que inciden en la carencia de maestros y los descendentes estadísticas de egresados en la profesión (en el país de casi 550000 graduados en 20012, para el 2016 se descendió en más de un 25 por ciento de estos, según cifras de la ONEI) está dado por las maneras verticales y poco llamativas en las que generalmente se concibe la formación educacional en Cuba

“Debemos introducir modos más interesantes de enseñanza, dosificar la carga de trabajo, limpiar de burocracia, permitir la libertad de cátedra. La educación cubana tiene que ser atractiva para quien la ejerce”.

Emigrar de la ciudad al campo

Cuando el arquitecto Javier Díaz decidió comprar una vivienda en ruinas, ubicada en el centro del pueblo y convertirla en un bar de tapas, muchos lo creyeron loco: la inversión inicial incluía algunos cientos de miles, las garantías, en un país donde de un momento se cambian las reglas del juego, no eran confiables, y además debía abandonar su vida en la ciudad para radicar en Viñales. Aún así tomó los riesgos.

Un año después Javier inauguró “ Los Robertos” un establecimiento con capacidad para 100 clientes( aunque solo 50 son permitidos por las normativas que regulan el trabajo privado), y que da empleo a más de 40 trabajadores.
Algunos de estos, como su jefe, han emigrado de la ciudad al campo atraídos por las oportunidades en el polo turístico. Otros, como Miguel Ángel, viajan cada día desde la cabecera provincial hasta Viñales para tener acceso a propinas en divisa.

Esta emigración poco tradicional desde la ciudad ha impulsado un crecimiento del pueblo no demográfico, pero sí en viviendas y empleos. Un flujo que hoy se percibe imparable.
En la barra de “Los Robertos”, Miguel Ángel, a la vez que prepara unos mojitos para un grupo de clientes con acento inglés, explica que esa creciente migración responde a que los viñaleros en su mayoría tienen ya negocios propios, y que por eso la fuerza de trabajo viene desde afuera. “En la ciudad hay pocos negocios y casi ningún extranjero como cliente, aquí es lo opuesto. Por eso tantos jóvenes buscamos empleo aquí”.

Viñales es percibida por sus visitantes foráneos como un paraíso natural donde los mogotes amanecen cubiertos de neblina, un río atraviesa una antigua cueva y se encuentra un fósil viviente de 150 millones de años: la palma corcho. Un valle con el atractivo extra de albergar en sus montañas una comunidad que cree en los poderes curativos del agua y que se ha mantenido alejada del progreso. Es el paraíso para quien busca el turismo de naturaleza, pasear a caballo, ver una cosecha de tabaco. Viñales es la Cuba rural que quizá sueñan los turistas.
Mientras, para los pinareños, más allá de los mogotes y los paisajes verdes, este pedazo de la isla es uno de los pueblos más prósperos de la provincia, donde el empuje del sector privado y el turismo oxigenan la economía y ha aumentado el poder adquisitivo de sus pobladores. Allí se va tras la promesa de una mejor vida en Cuba.

 

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Claudia Padrón Cueto

Claudia Padrón Cueto

La nueva revolución periodística.

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