Fugarse de la esclavitud: el tour


Un sociólogo armó el Camino del Cimarrón, un sendero de 300 kilómetros que atraviesa el centro de la isla recreando el recorrido de Esteban Montejo, el último esclavo que se fugó en América.

 

 

“Caminar es un ejercicio de espiritualidad”, dijo Guillermo Grenier, un sociólogo cubano americano que pasa los 60 años y que fundó el Camino del Cimarrón, ante el atardecer de Guaracabuya, el pueblo que se levanta en el centro de Cuba, tras una de las jornadas de su primer viaje por el camino de Esteban Montejo, el último cimarrón de Cuba y de América.

Cimarrón llamaban en la Cuba colonial a los esclavos fugados. Escapaban a los montes del trabajo forzado en las fábricas de azúcar y fundaban pequeños caseríos, los palenques, que son recordados como islotes de libertad.

La resistencia de los cimarrones fue consagrada en el preámbulo de la última constitución cubana. “Los esclavos que se rebelaron contra sus amos”, escribieron ahí, en el centro de una lista de rebeldes que empieza con los aborígenes y termina con “los que cumplieron heroicas misiones internacionalistas”.

Grenier es sociólogo y profesor de la Universidad Internacional de la Florida. Este “cubano repatriado”, como gusta presentarse, apostó siempre por el entendimiento entre Cuba y Estados Unidos. Dos veces ha vuelto a la isla para recuperar el mito libertario del cimarrón, una de las principales metáforas del rebelde latinoamericano.

“Cimarrones había pocos”, recuerda Esteban: “la gente le tenía mucho miedo al monte. Pero a mí esa idea me daba más vueltas que a los demás”. Montejo sostenía haber nacido en 1860. Se fugó, tal vez adolescente, de una plantación próxima a Sagua la Grande. Fue peón después de la abolición de la esclavitud y regresó al monte en 1895 como soldado contra España. Miguel Barnet lo encontró con un siglo de edad, en los primeros años de la década de 1960. Se pusieron a conversar y a partir de esas charlas Barnet escribió Biografía de un cimarrón, una de las primeras novelas testimoniales de América Latina.

De Sagua la Grande a Remedios caminó Guillermo Grenier, y de ahí a Cienfuegos, por Placetas y Manicaragua. Trescientos kilómetros que resumen los trasiegos de Montejo, un personaje histórico y literario casi en la misma medida.

La narración atrajo polémicas. Para algunos historiadores, en tiempos de Montejo no había cimarrones porque ya se precipitaba la abolición de la esclavitud. El alemán Michael Zeuzke, por ejemplo, asume la obra de Barnet como una pieza literaria con el mismo tono épico que la Revolución cubana de 1959. La voz del cimarrón faltaba en el repertorio de rebeldías cubano, el que se constituye como discurso político.

En 2016, Biografía de un cimarrón cumplió cincuenta años. “Habrá muchas conmemoraciones del libro”, le dijo Guillermo Grenier a Miguel Barnet, “pero hay una cosa que nadie va a poder hacer: recrear el Camino del Cimarrón”.

“He hecho caminatas de largas distancias”, explicaba Grenier a Barnet, como si quisiera excusarse por la pretensión de andar cerca de 300 kilómetros por el centro de la isla. “Que yo sepa”, observó luego con cierta altanería en entrevista con Vanguardia, “soy el único académico que combina el atletismo necesario para completar un camino semejante y los medios para comunicarlo de una manera que interese a otros”.

“Yo decía, ¡y este hombre de verdad va a caminar todo eso!”. Cuenta su reacción Yolanda Collazo, la directora del Museo Histórico de Sagua la Grande, cuando le pidieron que acompañara a Grenier. Caminó junto al profesor durante la primera jornada. Pasaron por Santa Teresa, donde nació el cimarrón. Siguieron a Flor de Sagua, la plantación que lo vio fugarse, y acabaron en Purio, donde cortó caña como asalariado después de la esclavitud.

El sociólogo repasó el sendero en el verano de 2017, con la esperanza de dejarlo abierto a futuros caminantes. Por el momento, algunas agencias turísticas se han interesado en esta fórmula de adentrarse en el paisaje cubano. Ninguna se decide todavía a ir por ahí.

“Bienvenidos a mi mundo”, empieza Grenier la presentación del Camino en la revista Progreso Semanal. Su mundo es recio y estimulante. “No es una ruta cualquiera de senderismo”, advierte. Cree que este camino puede contribuir al desarrollo y al conocimiento de la Isla.

Tags:

Maykel González Vivero

Maykel González Vivero

Periodista y activista LGBTI. Tuvo un blog mientras se lo permitieron y se llamaba El Nictálope, porque siempre ha presumido de ver bien, como algún animal de la noche. Echa de menos la radio y el insomnio que le favorecía antes para escribir. Ahora escribe cuando puede, donde puede colaborando con varios medios cubanos y extranjeros.

Haz un comentario