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La pasión de Javier

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A Javier no le desagrada que le griten “maricón” en las calles. “¡Maricón!”, le espetan los niños, y él se sonríe. “Aquí no puedes estar” le han ordenado una que otra vez. “Cállate maricón” decretó su padre y le asestó un puñetazo en el rostro cuando Javier apenas era un púber. Lo disfruta, no se esconde: “me presento a la sociedad así, con todos mis valores: soy un maricón a plenitud”.

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