La cuna del fútbol cubano


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Zulueta es un pueblo lejos de todo y cerca de nada, a 300 kilómetros de la capital cubana. Se llega a través de una carretera rodeada de cañaverales y algunas fincas. Tiene un idioma propio: el fútbol.

*Fotos: Yariel Valdés

No es un asunto de moda, el balompié llegó a este terruño a principios del siglo XX, antes del primer partido oficial en la Isla, que algunos historiadores ubican en La Habana, una década después.  A los zulueteños les disgusta que no se identifique que mucho antes, por estas tierras, ya se perseguía el balón. Sin embargo,  el sobrenombre de “cuna del fútbol” nadie se lo discute al pequeño pueblo remediano.

Desde su fundación, en 1869, Zulueta fue un municipio. Con la nueva división político-administrativa de 1976, perdió privilegios y se convirtió en un simple poblado. La habitan cerca de 6 mil personas que padecen dos enfermedades crónicas: fútbol y parrandas.

La pasión por el fútbol dura todo el año, entre las ligas foráneas seguidas por televisión y la liguilla nacional. Además, Zulueta también es sede del “Expreso del Centro” (sobrenombre con el que se  conoce al equipo de la provincia, 15 veces campeón de Cuba).

Si no llega a ser por el ferrocarril de Julián de Zulueta y Amondo, inaugurado en 1876, el pueblo se queda sin nombre y sin fútbol. Por ahí, “le entró el agua al coco”. En su actual parque estuvo enclavada la primera cancha del pueblo. Ahora, en el mismo tramo de tierra donde se ubicó una de las porterías, hay un balón de cemento macizo, donde se lee: “Zulueta, Cuna del Fútbol. Tierra de Tradiciones”. En 1918 se fundó el primer club del pueblo, el Deportivo Zulueta. Un lustro después, el Sporting Club de Zulueta. Y en 1951, el club que más gloria le dio al otrora municipio, el Millonarios de Zulueta, en alusión directa a la famosa institución futbolera de Bogotá. Los Millonarios murieron con la revolución: con los cambios constantes de estructuras del campeonato nacional. Lo que no murió fue la pasión.

 El sobrenombre de “cuna del fútbol” nadie se lo discute al pequeño pueblo remediano.

La base del Expreso, el once representativo de la provincia de Villa Clara, sale año tras años de Zulueta. Arichel Hernández es un ejemplo de eso, aunque por estos días aparezca contratado por el Independiente del Chorrillo, en la Liga Profesional de Panamá. Hernández es de los pocos futbolistas cubanos que, con la anuencia del gobierno, ha conseguido un contrato fuera de la Isla. “Extraño jugar con el Expreso, pero uno tiene que crecer. Si no hubiese nacido en Zulueta no sé si sería futbolista”, declaró el jugador a Tremenda Nota.

Cuando juega el Expreso nadie se queda en casa.  La Cienfuegos comienza a llenarse poco a poco. El graderío de la cancha Camilo Cienfuegos para muchos naturales debió llamarse Dagoberto Sosa, en honor al hombre que rescató la práctica del fútbol en Zulueta, cuando en 1949 estaba en decadencia. Él fundó el Millonarios.

Los fanáticos del Expreso han visto coronarse varias veces a los anaranjados del fútbol cubano. Y la han visto caer, también. La pasión por el fútbol pasa de generación en generación, mientras el público se multiplica.

La pasión por el fútbol pasa de generación en generación, mientras el público se multiplica.

Alexander González, ex seleccionador de Cuba en el 2011, cree que Zulueta es la mejor plaza futbolística de la Isla, por la manera en que los fanáticos apoyan y por el amor que le ponen al cuidado del césped de la cancha.

La hora mundialista

En tiempos de Mundial el pueblo parece una zona de guerra. Se divide en cuatro facciones: fanáticos de Argentina, Alemania, España y Brasil. Son los cuatro mandamases de Zulueta. Anry Garit  trabaja como barbero en el pueblo. Hasta a inicios de 2011 todavía administraba la barbería estatal, que él mismo bautizó como “Gol de Cuba”. Por esa época la empapeló con recortes de periódicos de temática futbolera.

En 2005, César Luis Menotti, Director Técnico campeón mundial con Argentina en 1978, visitó la barbería de Garit. Menotti dejó una idea: “para que el fútbol sea un hecho cultural que atraiga a los jóvenes, es indispensable empezar (a promoverlo) desde los niños”.

— ¿Quién va a ganar?, pregunta el barbero en medio de la calle central de Zulueta. Anry está vestido con la camiseta de la selección alemana, y lleva un pañuelo negro, amarillo y rojo en su cabeza. Se responde a sí mismo y a todos en un grito: “¡Alemania! ¡Viva Alemania!”, continúa eufórico. “¡Alemania va a ganar eso, seguro!”. Otro joven le pasa cerca y le susurra que será Brasil. El barbero pacta, y le desea buena suerte. Cuba no asiste a un Mundial desde 1938, pero los zulueteños no viven la ausencia como si fuera tragedia.

Menotti dejó una idea: “para que el fútbol sea un hecho cultural que atraiga a los jóvenes, es indispensable empezar (a promoverlo) desde los niños”.

No hay pérdida para encontrar la casa de Garit en Zulueta. En el portón están pintados dos escudos, el del Bayern Múnich, y el del seleccionado bávaro. Cuando entras, en el patio, una mesa en forma de Copa del Mundo recuerda los cuatro años en los que se consagró Alemania. Garit colecciona todo de los germanos: hasta una edición en alemán de los 1000 mejores jugadores del mundo. Nunca la leerá, pero lo guarda como una reliquia.

El fanático de Maradona

En el lado opuesto del pueblo, atravesando el Parque Central y un riachuelo que corre en medio de la calle, está el hogar de uno de los personajes más pintorescos del pueblo: Nelson Rodríguez Curiel, el fundador de la peña deportiva “Diego Armando Maradona”. Con casi seis décadas de vida, Nelson, un bostero enfermo, ha sido testigo de los dos Mundiales ganados por Argentina. Cuando muera, pide, deben enterrarlo con la bandera xeneize y la camiseta de Boca. Obvio, su favorito en Rusia 2018 es el equipo de Lionel Messi.

La casa de Rodríguez parece un altar dedicado a la Albiceleste. Desde que amaneció, el hombre está viendo todos los análisis del programa “90 minutos”, de la cadena Fox. Obviamente, no lo transmite la televisión cubana; Rodríguez lo consiguió a través del “paquete”, la alternativa pirata de los cubanos para conectarse con el mundo. Nelson dice que él ve programas serios, que hay un sector de la prensa argentina que no tiene memoria. “De Messi solo se puede hablar en base a la admiración y al asombro”, afirma.

En las paredes de la casa hay decenas de fotos. Ninguna de la familia. Detrás del televisor, de izquierda a derecha, aparecen imágenes de un juvenil Gabriel Omar Batistuta, del seleccionado campeón de México 86, y de un Maradona que llora desconsolado abrazado a sus dos hijas, tras el fiasco del Mundial de 1994. Hay más caras conocidas: Alfredo Di Stefano y Lionel Messi. Rodríguez tiene como fondo de pantalla de su celular a cinco personas sonrientes: Lio, Antonella, y sus tres hijos.

Nelson tiene cábalas. Durante los partidos de Argentina usa la camiseta del Mundial del 86 y, siempre que la tensión le sobrepase, se esconderá en la cocina. Desde allí vio el choque eliminatorio contra Ecuador que definió la clasifación de Argentina a Rusia 2018: friendo chicharrones. A veces cree que les provoca mala suerte a los jugadores si los mira. Por eso no mira la televisión: él escucha mientras reza, bajito.

“Aquí el Mundial es una locura. Guardamos fuegos artificiales para el partido final. En el 2014, los fanáticos de los dos equipos acordamos que, ganara quien ganara, íbamos a festejar en el monumento al balón, en el centro del pueblo”. Y así fue. Para Nelson, Zulueta es una pelota de fútbol que rueda por las calles de un país de béisbol.

Un caso especial

El documentalista belga Remo Beutels vivió y documentó la euforia zulueteña por el fútbol durante el Mundial Sudáfrica 2010. Él mismo se sintió inspirado: mientras visitaba ese pueblo encontró la pasión que sentía por el balón cuando niño. “Allá todos aman el fútbol casi como a la vida. Me siento zulueteño, y espero que la devoción y pasión de ellos se traduzca en un futuro mejor para el fútbol cubano”.

Zulueta es una pelota de fútbol que rueda por las calles de un país de béisbol

La única heladería del asentamiento remediano se llama “Copa del Rey”, y la única guarapera tiene un escudo del Barcelona y una imagen de la selección argentina pintados en su fachada. En Zulueta no se juega béisbol, no se habla del deporte nacional que está en franca decadencia frente al mundillo del balón. Zulueta posee un ADN propio desde sus inicios, y pese a su aislamiento como pueblo, y a la ineficiente atención a nivel gubernamental del fútbol en Cuba, resiste, con su pasión a cuesta.

 

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Mayli Estévez Pérez

Mayli Estévez Pérez

Nació en 1986, el año en que Maradona levantaba en el Estadio Azteca la Copa Mundial de Fútbol para Argentina y cuando por última vez se avistaba en la órbita de la Tierra el cometa Halley. No sé si me suceda como a Mark Twain, pero el 2061es un buen año para morir,  solo por imitarlo. Periodista titulada, deportista frustrada. La opción que me quedó fue hacer el coctel de periodista deportiva.

Comments (1)

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    María Elena

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    Ah, mucho corrí detrás de un balón de Fútbol en mi suelo natal, Zulueta me vió nacer en diciembre de 1963, mi familia decidió mudarse a la capital de la provincia en 1982, pero mi amor por ese pueblo, continúa por siempre en mi ser, el Fútbol es la pasión de todo zulueteño.

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